Rodman Sanabria presenta una obra inspirada en la introspección y el crecimiento personal

Génesis Herrera
Fotografía: Eduardo Montes
La Palabra Universitaria

En una emotiva jornada orientada al arte y la reflexión, la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), a través de su Dirección de Cultura, realizó la presentación del libro Las estaciones del alma: un viaje interior para renacer, soltar, crecer y fortalecer, la más reciente obra literaria del escritor salvadoreño Rodman Sanabria.

El encuentro se llevó a cabo en las instalaciones del Museo Universitario de Antropología (MUA) y contó con la participación especial del gestor cultural Elmer Martínez, en calidad de comentarista invitado, y de Ramón Rivas, director del museo.

Rodman Sanabria, de 28 años, es estudiante de Ciencias Jurídicas de la UTEC y una voz emergente dentro de la narrativa y la poesía salvadoreñas. Durante la presentación explicó la importancia de la narrativa y cómo se inspiró en las experiencias de sus amigos y en vivencias personales para escribir el libro.

“Me inspiré en vivencias personales y en las de mis compañeros y amigos. Tal como existen cuatro estaciones climáticas, considero que nuestros sentimientos y nuestras almas son igualmente cambiantes e inconstantes”, expresó Sanabria.

El libro, cuya elaboración tomó un período de nueve años, surgió durante la estadía del autor en un seminario religioso. En ese entorno, los ejercicios de silencio e introspección, realizados mediante el método de la «hora de desierto», le permitieron plasmar en cuadernos profundas reflexiones sobre la soledad, el duelo, la paz interior y el redescubrimiento personal. Asimismo, la pérdida de su tío, una figura clave en su crecimiento humano y creativo, terminó de moldear los capítulos y el propósito final de la obra.

Con cuatro publicaciones en su trayectoria, entre narrativa, poesía e investigación histórica, Sanabria rememoró los obstáculos iniciales que enfrentó en su camino como joven escritor. Recordó cómo, en sus inicios, recibió comentarios desalentadores que le sugerían desistir debido a su juventud y que cuestionaban su capacidad para alcanzar su anhelo de convertirse en autor.

“A pesar de las dudas externas, asumí esto como un sueño personal y decidí seguir escribiendo”, afirmó el escritor.

Por su parte, Elmer Martínez destacó el crecimiento lírico y conceptual del autor en comparación con obras anteriores como 43 otoños y 8 primaveras, señalando una evolución en la madurez y la densidad emocional de su escritura.

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