Resanando las grietas: Los museos frente a un mundo dividido

Melissa Campos, Samantha Rivera y Rafael Alas

Cada 18 de mayo, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) convoca al mundo a reflexionar sobre el papel de los museos en la sociedad. En 2026, el lema del Día Internacional de los Museos (DIM 2026), Museos que unen un mundo dividido, no es una consigna decorativa, sino una interpelación filosófica y política.

Vivimos tiempos de fragmentación acelerada de generaciones que no se reconocen, instituciones que no se comunican, instituciones que no se vinculan y comunidades que no se ven; sin embargo, en las grietas de todas esas divisiones, los museos siguen abriendo puertas.

¿Cómo pueden unir lo que parece fragmentado? La respuesta, quizás, no está en negar las diferencias, sino en comprenderlas como una unidad dialéctica. Los opuestos no se excluyen: se definen mutuamente. Lo antiguo y lo nuevo, el experto y la comunidad, el museo-templo y el museo-abierto son tensiones que pueden convertirse en el motor mismo de la transformación.

El museo que sale al encuentro

Durante décadas, la institución museística fue concebida como un espacio de verdades preservadas. En los años cincuenta la pensaban como apoyo escolar; los ochenta comenzaron a interpretarla como espacio de compromiso activo con la comunidad mediante la nueva museología (da Silva Catela, 2023). Hoy, esa evolución es innegable; los museos salen al encuentro de las comunidades con experiencias, saberes y propuestas para todas las edades, cruzando los límites del edificio para habitar territorios, escuelas, comunidades.

No obstante, salir no garantiza llegar. La pregunta no es solo si el museo abre sus puertas, sino a quiénes las abre y en qué términos. Da Silva Catela (2023) lo formula con precisión: que un museo esté físicamente abierto no significa que sus marcos interpretativos lo estén. Esa distinción es crucial. Una institución puede aparentar apertura y, al mismo tiempo, mantenerse cerrada epistemológicamente.

Las divisiones que habitan dentro

El mundo dividido no está sólo afuera. Está dentro de los propios museos, en sus estructuras, en sus equipos, en sus condiciones laborales. Existe una tensión real entre trabajadores con amplia experiencia en mediación y directivos que llegan sin formación específica en gestión museística. Esa brecha, cuando se gestiona bien, puede generar programaciones ricas; cuando no, produce instituciones disfuncionales.

A ello se suma la desigualdad de recursos. Algunos museos operan con presupuestos robustos y equipos multidisciplinarios; otros funcionan gracias al esfuerzo de una sola persona que hace todo y con dificultad logra sostenerlo. Esta fragmentación estructural es, en sí misma, una forma de mundo dividido. Desde los espacios de sociomuseología dentro del propio ICOM, esta realidad no es ajena: reconocerla y articularla como agenda prioritaria forma parte del compromiso de pensar los museos desde su dimensión más social, más igualitaria y humana.

Sánchez de Serdio Martín (2025) documenta otra fractura interna: la precariedad de quienes median. Educadores y mediadores culturales, figuras indispensables para construir puentes entre el museo y sus públicos, suelen ser los primeros en perder sus puestos ante recortes presupuestarios. Su vulnerabilidad no es accidental; refleja jerarquías de valor dentro de la propia institución. Y esa jerarquía también divide.

La brecha generacional: entre el templo y el espacio abierto

Uno de los mundos más divididos que enfrentan los museos hoy es el intergeneracional. Los jóvenes, en múltiples estudios, reportan percibir los museos como espacios ajenos, estáticos y pensados para otros (Melgar et al., 2022; Marín-Cepeda y Coca Jiménez, 2025). No es falta de curiosidad: es falta de reconocimiento. Los jóvenes necesitan propuestas que desafíen su creatividad, que les permitan socializar y explorar, no solo contemplar en silencio.

Ahora bien, cuando el museo los escucha, algo cambia. Melgar et al. (2022) muestran que, una vez superados ciertos prejuicios, los jóvenes valoran profundamente las mediaciones culturales que los ayudan a construir sentido. La clave no es simplificar el museo; es hacerlo relevante.

Las perspectivas juveniles están dando forma a la práctica museística actual e influyen en cómo las instituciones conciben su futuro: desde la gobernanza hasta la participación comunitaria. Ignorar esa voz es condenarse a la irrelevancia. Escucharla es una forma de revolución institucional.

A esta brecha se suma otra, muchas veces invisible: la lingüística. El lenguaje técnico, exclusivo y excluyente que produce una división entre quienes «entienden» el museo y quienes quedan fuera de él. La accesibilidad comunicativa, usar lenguajes claros, plurales, situados, es también una manera de unir mundos.

Mazzitelli et al. (2026) evidencian que incluso los futuros docentes en formación arriban a los museos sin saber cómo comunicar en ese espacio, reproduciendo sin querer las mismas barreras que deberían derribar.

La unidad no suprime la diferencia

Un mundo unido no es un mundo sin diferencias; más bien, es un mundo donde esas diferencias tienen espacio para encontrarse. Los museos, cuando lo logran, se convierten en algo más que instituciones culturales: se vuelven espacios donde la diversidad de memorias, saberes y cuerpos puede coexistir y enriquecerse mutuamente (da Silva Catela, 2023; Sánchez de Serdio Martín, 2025).

El DIM 2026 nos invita a preguntarnos qué tipo de puentes estamos construyendo: ¿puentes que permiten el cruce mutuo, o pasarelas de una sola dirección?; el ICOM (2022) a partir de la nueva definición de museos nos llama a repensar que estos no deciden por sí solos qué mostrar ni cómo, sino a unirnos con nuestras comunidades y sentarnos juntos la mesa donde las decisiones se toman.

Y en ese gesto sencillo, profundamente político, está quizás la respuesta más honesta a un mundo que se fragmenta al hacer de la diversidad una forma de estar juntos, no un problema a resolver. América Latina lo sabe bien, aquí la museología social nació cuestionando quién construye el relato, qué voces se silencian y qué memorias merecen espacio. Esas preguntas, urgentes y necesarias, continúan siendo para muchos nuestra brújula.

Referencias

Consejo Internacional de museos (2022). Definicion de museo, ICOM. https://icom.museum/es/recursos/normas-y-directrices/definicion-del-museo/

Da Silva Catela, L. (2023). Museos para la comunidad. Potencialidades y dilemas para crear museos como espacios participativos y abiertos. Apuntes, 36. https://doi.org/10.11144/Javeriana.apu36.mcpd

Marín-Cepeda, S. y Coca Jiménez, P. (2025). Actitudes y percepciones de estudiantes y docentes en torno a los museos: revisión sistemática de la literatura científica. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 39(3), 147-158. https://doi.org/10.47553/rifop.v39i3.103898

Mazzitelli, C., Zorrilla, E., Soto-Lombana, C. y Cardona-Arango, V. (2026). Reflexionando sobre la práctica pedagógica de futuros docentes de ciencias en el museo. Revista Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias, 23(1), 1603. https://doi.org/10.25267/Rev_Eureka_ensen_divulg_cienc.2026.v23.i1.1603

Melgar, M. F., Elisondo, R., Díaz, M. G. y Lisa, E. (2022). Jóvenes y museos. Estudio de percepciones sobre experiencias educativas. Praxis Educativa, 26(3), 1-18. https://dx.doi.org/10.19137/praxiseducativa-2022-260311

Sánchez de Serdio Martín, A. (2025). Cuerpos liminales: la mediación en museos entre la transgresión y la reproducción de la norma. Quintana, 24. https://doi.org/10.15304/quintana.24.10886

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