Ser universitario en El Salvador ¿Sacrificio de pocos o derecho de todos?

David Alberto Quintana Pérez
Investigador Universidad Tecnológica de El Salvador
david.quintana@utec.edu.sv
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6690-2360

La historia ha demostrado que estudiar una carrera universitaria no ha sido una tarea sencilla. La dificultad para responder a la pregunta: ¿es el título universitario la llave del éxito o solo un lujo al que una parte de la población puede acceder?, evidencia la complejidad del tema y plantea, al mismo tiempo, un desafío tanto para los jóvenes como para las propias universidades.

De acuerdo con el Ministerio de economía (2023) a través de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, se estima que menos de un cuarto de la población joven que inicia una carrera universitaria, logra completarla, situación que manifiesta no sólo la falta de acceso, sino también el alto índice de deserción que se produce a nivel de educación superior.

Es por ello que, para muchos jóvenes en El Salvador, obtener un carnet de estudiante no resulta un simple trámite, sino un esfuerzo de alto riesgo que implica sacrificar horas de sueño, ingresos familiares, estabilidad emocional, entre otras. En este sentido, el artículo se propone analizar que el ser universitario en el siglo XXI no debe considerarse un acto de heroísmo individual, sino una garantía de desarrollo social, es decir que, mientras la formación académica se perciba como un sacrificio para las mayorías y no como un derecho universal, lamentablemente el país continuará desperdiciando su capital más valioso que en este caso son los jóvenes. Por tanto, lo que se busca es describir como la brecha de acceso y la recurrente presión del mercado laboral genera que gran parte de la población quede fuera de las universidades.

De acuerdo con datos de la CEPAL (2023), el panorama no resulta alentador, puesto que, el acceso a las universidades en la región sigue fuertemente vinculado al ingreso familiar, lo cual se convierte en una pirámide donde solo una pequeña parte de los egresados de educación media finalmente logran continuar con los estudios superiores. En consecuencia, esta realidad convierte a la carrera universitaria en un “ejercicio de resiliencia”, para el estudiante que trabaja, por lo que debe equilibrar su tiempo entre actividades laborales y académicas, a fin de sostener la economía familiar, y al mismo tiempo seguir estudiando. Al respecto, se plantea que, la democratización de la educación universitaria no está sólo en el aumento de la matrícula, sino en la pertinencia del servicio educativo que se ofrece.

Por otra parte, no debe dejarse de lado que la universidad debe cumplir una función social que va más allá de la preparación para la obtención de un empleo, donde los cursos cortos proporcionan conocimientos generales, la formación universitaria debe ser más profunda al forjar el pensamiento crítico que a su vez propicie la generación de soluciones ante los problemas de la sociedad actual. (Foro Económico Mundial, 2023)

El estimular este pensamiento crítico desde las universidades contribuirá a mediano y largo plazo a que la población universitaria deje de lado el rol de actor pasivo de la realidad y por el contrario pueda convertirse en un ciudadano responsable y comprometido con su realidad.

No obstante, el desafío persistente es la desconexión que en ocasiones se encuentra entre la oferta académica y las demandas de los territorios (UNESCO, 2022). Por tanto, para que la educación superior se convierta en una necesidad satisfecha y no en un frecuente sacrificio de pocos, es importante contar con respaldo estatal que dinamice el nexo entre la universidad y la población. Esto a su vez contribuiría a que deje de percibirse que acceder a una institución de educación superior representa un gasto familiar y por el contrario pase a ser entendida como la inversión social más rentable en la vida del ser humano.

A manera de conclusión, ante la interrogante planteada si ¿ser universitario en El Salvador es un privilegio, reto o necesidad? No es posible admitir una respuesta única, debido a que, mientras el acceso a la educación superior dependa de los ingresos del hogar, la población universitaria seguirá siendo muy limitada.

Por tanto, es necesaria la transformación de la universidad salvadoreña hacia un modelo de mayor equidad, donde el carné universitario no se comprenda como un “símbolo de sacrificio”, y se convierta en un derecho ejercido por todos los actores involucrados. De esta manera, estudiar una carrera en el siglo XXI debe representar una inversión pertinente para que El Salvador pueda transitar de una economía de subsistencia a una sociedad fundamentada en el conocimiento de los diversos ámbitos de la realidad nacional.

Referencias

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL]. (2023). Panorama Social de América Latina y el Caribe: La inclusión laboral como eje central del desarrollo social inclusivo. Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/68506-panorama-social-america-latina-caribe-2023-la-inclusion-laboral-eje-central

Foro Económico Mundial [WEF]. (2023). The Future of Jobs Report 2023. World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2023/

Ministerio de Economía. (2023). Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2023. Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC). https://www.bcr.gob.sv/onec/

UNESCO. (2022). La educación superior que queremos: Conclusiones de la Tercera Conferencia Mundial de Educación Superior (WHEC2022). UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000381744_spa  

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