Un saludo navideño: Colegas todos de la Universidad Tecnológica de El Salvador

Dr. Ramón D. Rivas.
Dirección de Cultura
Universidad Tecnológica de El Salvador

En vísperas de celebrar una Navidad más, quiero agradecer a cada uno de ustedes, sus muestras de afecto, amistad y hermandad hacia mi persona. Sin duda alguna, ese aprecio y amistad es lo que mantiene viva el fuerte deseo por seguir viviendo, pese a la complicada salud por la que muchos tenemos que pasar.

Como de todos es sabido, este año 2021 ha sido muy distinto al restos de años que hemos tenido, ya que los sucesos registrados en los ámbitos de la salud, la economía y la seguridad, mantiene al mundo muy preocupado porque no sabemos cómo enfrentar los derroteros de la nueva normalidad y sus múltiples desafíos.

En esta navidad, nuestra comunidad académica debería tomarse unos minutos para dejar la parte pragmática de la ciencia, y en lo más profundo de nuestro interior humano, meditar sobre lo moral y lo espiritual que forman parte también de la existencia de la persona. Debemos tener muy en cuenta que las sociedades del mundo están muy enfermas, no solo por causa del covid-19, sino por su egocentrismo, la falta de solidaridad hacia el más desvalido, el odio, venganzas y muchas otras enfermedades que no encontramos cura para ellas.

El antropólogo social y cultural, desde la perspectiva humanista y con el arma de la evolución sociocultural ha enfocado su esfuerzo por centrar todo en rededor del ser humano, y que bueno por ello; pero no podemos negar que en lo más profundo de las personas hay una necesidad etérea o espiritual que lo lleva a actuar de forma bestial, al punto de llevarlos a ser insensibles al dolor y a la necesidad de los demás.

Por eso me gusta este tiempo de Navidad, porque existe un espíritu que toca nuestras mentes y lo más profundo de nuestro ser para hacernos reflexionar que lo material, lo que vemos y percibimos no es todo en la vida. Lo triste llegaría a ser si nos volvemos insensibles aún a ese espíritu que habla a nuestro interior.

¿De qué estoy hablando mis queridos colegas?
La respuesta es sencilla. Hablo, desde el punto de vista de la fe, del Espíritu de ese ser divino que se hizo carne y habitó entre nosotros. Es el verbo de Dios, hecho hombre para que la humanidad lo pusiese ver, tocar y hablar con Él. Hablo del Mesías de Dios, o el enviado del Eterno que vino al mundo para cumplir con un plan de redención, de relación y de salvación.

Sin duda alguna, la maldad humana ha existido siempre; el odio hacia el prójimo ha sido el pan de cada día; la venganza de unos hacia otros ha causado miles de muertos en las sociedades; el dolor que causa una persona hacia otra es una práctica común en todas las sociedades. En fin, esa ha sido la realidad humana con la cual se ha luchado permanentemente. Lamentablemente los esfuerzos humanos por erradicar esa forma de vivir siempre han fracasado, ya que resulta costoso para las personas ceder ante la demanda de otros. El rico busca más riqueza a costa de la pobreza de muchos; el político ha vivido engañando a sus votantes para vivir como parásitos de un sistema político y económico corrupto.

De todo eso y mucho más es que el Mesías vino a redimir a la humanidad. Por ello, la Sagradas Escrituras dicen que unos ángeles se acercaron a unos pastores de ovejas para darles las buenas noticias de que un Salvador había nacido, por lo que dieron Gloria a Dios en las alturas, por la paz que habría en la tierra y que sería gozada por los hombres y mujeres a quienes Dios mismos se las daría.

Esa es la Navidad, tener Paz en el corazón, es decir, ser redimidos de la maldad humana que nace del corazón insatisfecho; de personas que se deleitan en el dolor humano, en el engaño, y en dividir a sus hermanos. Las sociedades actuales actúan en contra de sí mismas y del Dios Eterno porque no hay paz en sus corazones, no hay redención de Dios en sus vidas y sobre todo, no quieren ser rescatados de esa mala manera de vivir. Quizá para esta gente la navidad no sea más que un tiempo de fiestas paganas; de hacer negocios para aumentar sus ganancias; de lograr sus intereses mezquinos y malévolos. ¡Qué triste Navidad para esas familias!

Estimados colegas todos de la Utec:
Es momento de replantearnos nuestros propósitos como seres humanos. No podemos ser marionetas de este sistema malo, sin paz y sin Dios. La pandemia ha causado mucho dolor a millones de familias en el mundo. Este año ha sido de sufrimiento para millones de personas y mucho luto. No podemos celebrar una navidad al margen de aquellos que sus corazones están tristes. Por tanto, debemos ofrecer como regalo un poco de amor, un poco de solidaridad, un poco de lo que Dios nos ha permitido tener. El Mesías invitó a sus seguidores a compartir el pan con el hambriento, a llorar con el que llora, a reír con el que ríe y dar aliento al que no tiene esperanza.

Creo que esa es la mejor de las navidades que podemos vivir, dar y sentir el aprecio, el calor humano del amigo, del hermano, del compañero de trabajo o de la familia misma. Necesitamos rescatar esos valores humanos que hacen valer mucho a las personas. Ya no seamos instrumentos de los políticos que solo buscan sus intereses personales. Ellos son miserables de espíritu; ellos no se sacian con el pago de su salario, por ello, buscan a toda costa extraer ganancias deshonestas de manera oscura, y señalando a otros para no ser sorprendidos en sus maldad.

Si cada uno de los que leen o escucha este mensaje de navidad pone como base al Mesías que nació y vivió para redimirnos y ayudarnos e vivir la vida, pienso que la sociedad tendría un respiro y la maldad disminuiría. Por ello, les invito a ser diferente a todos aquellos que se han dejado arrastrar por la maldad humana. Debemos vivir en esa paz que el Mesías ofreció a la humanidad; y que solo pueden obtenerla aquellos que creen en el amor de Dios.

Les deseo que logren tener esa paz que el Mesías ofreció hace dos mil años atrás. A lo mejor podemos reflexionar en silencio sobre estas palabras que hoy les escribo con mucho cariño. Pese a mi condición de salud, mi deseo por vivir sigue, pero ahora consciente de que solo Dios puede satisfacer lo más profundo del corazón humano. Si le permitimos entrar a nuestro corazón, entonces tendremos paz y viviremos en armonía como él lo prometió a sus seguidores,

MUCHAS GRACIAS, FELIZ NAVIDAD Y TODO LO MEJOR PARA 2022.

Oss, The Netherlands.

Comparte:

One thought on “Un saludo navideño: Colegas todos de la Universidad Tecnológica de El Salvador

  1. Que nuestro padre celestial, bendiga abundante su vida, su salud, le proteja y que siempre le provea sus necesidades Dr. Rivas.
    Un abrazo a la distancia.
    Lizet Larín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


+ nueve = 17