Sonrisas de un payaso que iluminan y cambian la vida para siempre 

De niños ocurren sucesos que nos marcan, que hacen que nazcan en nuestro interior deseos y anhelos; esto fue lo que vivió Alejandra Hernández una tarde de abril del 2005, a sus 10 años, cuando un payaso anónimo con una mueca divertida le regaló una dosis de alegría que cambió su día y su vida.

Edith Ramos-Miguel Guzmán
La Palabra Universitaria

Hay situaciones que pueden marcar y cambiar la vida de cualquier persona, pero también hay personajes que marcan y revolucionan la vida a cualquiera, especialmente cuando esas experiencias ocurren en épocas de infancia, tal como le ocurriera en su momento a Alejandra Hernández, quien desde hace varios años se dedica al mundo del arte circense.

El divorcio de sus padres, cuando apenas era una niña de 10 años, fue la situación que dio pie a verdaderos cambios en su vida, pues entorno a ello se empezó a desarrollar un ambiente tenso en casa, en la que todo el tiempo había gritos y discusiones, a tal punto que estar fuera de casa, caminando por las calles y parques, se volvió en la mejor opción para aquella niña que estaba por entrar a la adolescencia.

Alejandra recuerda que uno de esos tantos días, su tía materna se la llevó a caminar por los senderos de un parque capitalino, y fue justo ahí donde se encontró con un payaso que, a fuerza de muecas, le sacó sonrisas y la ayudó a olvidar un poco el caos que había en casa.

“Ese payaso me cambio la vida, me regaló la medicina para mi dolor, ahí nació mi interés por reproducir eso, por ayudar a los niños que sufren de problemas en el hogar”, dice entre lagrimas y nostalgia la protagonista de este relato.

“A los 15 años comencé a buscar la manera de poder materializar mi sueño de regalar sonrisas, entonces me aboqué a los parques que tenía más cerca de mi casa; no tenía recursos económicos, debido a eso mi vestuario lo hice con mis propias manos. De la misma manera busqué en internet la forma de poder hacer mi propio maquillaje”, narra entre risas la artista Ale Star.

Recuerda que la primera vez que se acercó a un parque vestida de payaso solo hubo 4 niños y un par de adultos como espectadores, y alguien le dijo que probablemente eso no era lo suyo; sin embargo, nunca se rindió y el siguiente fin de semana volvió al lugar llevándose una tremenda sorpresa, pues estaba por finalizar un partido de fútbol para niños, entonces comenzó con su actuación y todos prestaron atención a lo que hacía.

“Esto me cambió la perspectiva, motivándome a seguir con esto que tanto deseaba hacer”, afirma Alejandra con mucho entusiasmo.

“Dos meses después de estar yendo al pequeño parque a dar mis shows se me acercó una señora, abuela de uno de los niños que habían asistido ese día, y me invitó a asistir a la iglesia infantil para conocer de Dios y, de manera creativa, motivar a otros niños a seguir el camino correcto”, relata.

En 2017 Alejandra da inicio al proceso para conseguir su otro sueño: ser médico de profesión; pero, al ver que la universidad implicaba un gasto bastante grande, en su corazón nació la motivación de ayudar.

“Mi mejor amigo fue quien me dio la idea de comenzar con las fiestas infantiles, ya que tenía trajes, maquillajes y demás, entonces hice tarjetas para darme publicidad y el día siguiente los repartí entre mis conocidos¨.

Las primeras semanas el teléfono no sonó, de hecho, mi primer evento fue con una madre de los niños de la escuela dominical; luego de eso comencé a tener dos fiestas al mes. Ahora puedo decir que gracias a Dios tengo casi siempre 3 o 4 fiestas al mes; es una entrada bastante considerable de dinero, aparte que me permite seguir con mis estudios, afirma con mucha satisfacción la estudiante de medicina, quien cursa su quinto año en la universidad.

Destaca que nunca imaginó que de una experiencia familiar negativa podría florecer y encontrar su propia luz y, además, iluminar otras vidas con la magia puesta en sus buenas acciones.

Alejandra es un claro ejemplo de superación y perseverancia, un orgullo salvadoreño que todos deberían conocer y apoyar, ese gran talento como artista que pinta la felicidad.

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