Keiry Cruz: ser pianista es una de las pasiones más hermosas

Es estudiante de psicología en la Utec, originaria de un cantón en el departamento de La Paz, y desde hace mucho se dedica a la música como pianista.

Helen Alexandra Cruz
Estudiante de comunicaciones
La Palabra Universitaria

Keiry Marielos Cruz Guardado es una joven que desde 2020 decidió inscribirse como estudiante de la licenciatura en psicología en la Universidad Tecnológica de El Salvador (Utec), profesión que dice, pretende impulsar de manera paralela con el arte de la música.

Marielos Guardado toca el piano desde los 8 años de edad, por lo que esa habilidad en ella está bien impregnada, misma que deja en evidencia cuanta vez tiene la oportunidad en distintos escenarios y frente a diversos públicos.

La joven de 19 años, que creció en una zona rural del departamento de La Paz, recuerda que desde que era una niña sus padres tomaron la decisión de inscribirla en una academia especializada de música, en la que desde sus inicios, dice, descubrió su gusto por el piano, instrumento con el que tiene una especie de conexión especial.

“Desde muy pequeña mi mamá estuvo muy interesada porque aprendiera a tocar piano, y sin duda alguna es una de las cosas que más le agradezco, porque para mí ser pianista es una de las pasiones más hermosas que hay en el mundo, que te hacen sentir vivo y feliz, por tal razón mi mamá siempre estuvo pendiente de mis clases”, recuerda la jovencita de hermosos ojos café y cabello negro.

Resalta con evidente satisfacción que las experiencias que más disfruta y que le marcan como artista es presentarse en escenarios, en los que debe exponer sus habilidades artísticas ante multitudes considerables, y poder ver la satisfacción en las personas que presencian sus actuaciones.

“Realmente es oportuno para mí poder participar en fiestas del y para el pueblo, porque disfruto haciendo esto y porque puedo generar un poco de ingresos que me sirven para hacer un pequeño ahorro para cuando necesito yo o mis padres, y la verdad me llena de mucha alegría que las personas disfruten de mi participación”, dice con evidente emoción.

Dedicarse a ese arte dice, es para ella como una especia de terapia, que le ayuda a mantenerse distraída y obviar muchas circunstancias, especialmente relacionadas a las que la humanidad enfrenta últimamente a causa de la pandemia del coronavirus; en ese sentido, dice, es su pasatiempo favorito.

La joven pianista explica que previo a cada presentación de considerable importancia, en la que sabe habrá masiva presencia de público, prepara su repertorio, lo ensaya con mucho ímpetu por un período de hasta dos semanas de anticipación, pues de no hacerlo, menciona, los nervios podrían apoderarse y hacerla cometer algún error.

“Para la boda de mi hermana mayor tuve que tocarle la música nupcial, realmente no practiqué nada y me sentía tan nerviosa que me agarró un ataque de risa y las personas solo me veían también sonriendo, pero al final solo toque lo que ya sabía y todo salió, se podría decir, que perfecto”, recuerda entre risas.

La joven artista destaca que se inclinó por estudiar psicología en la Utec porque una de sus principales virtudes es ayudar a otras personas, en lo que pueda y con lo que esté a su alcance, y considera que si por medio de su profesión y arte musical puede ayudar, lo hará siempre con el mayor de los gustos.

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