Analizan importancia del proyecto civil y religioso en el proceso de independencia

Claudia Marlene Rivera Navarrete, fue una de las invitadas a disertar en el ciclo de conferencias magistrales que la Utec organizó en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Centroamérica.

Maybelline Rivas
La Palabra Universitaria

La independencia y los dos proyectos: civil y religioso fue el tema de una de las conferencias magistrales que se han desarrollado en el Museo Universitario de Antropología (MUA) de la Universidad Tecnológica de El Salvador (Utec), en el marco de las actividades conmemorativas del Bicentenario de Independencia de Centroamérica.

Para la reflexión de la referida temática ha sido invitada la investigadora y ganadora del segundo lugar del Certamen 2011 sobre estudio histórico del 5 de noviembre de 1811, Claudia Marlene Rivera Navarrete, quien resalta algunos aspectos de importancia puestos en escena en aquellos tiempos de esfuerzos de emancipación.

“Sobre el proyecto civil, no profundizaré mucho”, dijo la investigadora, pues apunta que la mayoría de los historiadores hablan ampliamente del tema; pero sí recalcó que el proyecto civil tenía como principal objetivo alcanzar la independencia de la metrópoli, de la que el 15 de septiembre de 1821 se vio concretada la primera etapa de dicho proyecto.

“En este contexto surge el proyecto de anexión a México, mismo al que El Salvador se negó, pues siempre se tuvo la perspectiva de contar con una independencia absoluta”, dice la experta, al tiempo que destacó que el proyecto civil con sus pro y sus contras iba adelante, pues nada lo detendría.

Sobre el proyecto religioso en los procesos de independencia, la experta remarca que la influencia se empezó a evidenciar desde muchos años antes, cuando desde el episcopado de Monseñor Francisco Marroquín, se hacía hincapié al rey español sobre la necesidad de que en la región existieran prelados que se pusieran al frente de diferentes diócesis, como la de Honduras, León, Guatemala y El Salvador.

La experta resalta en su investigación que después de las constantes peticiones enviadas a la corona española, sobre la necesidad y urgencia de contar con un religioso al frente de la diócesis en lo que hoy es El Salvador, se designa al presbítero José Matías Delgado como primer arzobispo de San Salvador, quien contó con el apoyo de los más influyentes personajes de la época.

“Esto nos da una idea del alto calibre que tenía José Matías Delgado. Era un hombre excepcional y único. Era una persona muy inteligente, graduado en los dos derechos canónicos, fue comisario en la inquisición en San Salvador, a parte era un prestigioso docente de la Universidad de San Carlos”, destaca Marlene Rivera.

“El seis de mayo de 1824, Matías Delgado publica su primera circular como obispo, dando a conocer a los párrocos las disposiciones del Congreso, para que se leyeran en la misa mayor del día festivo”, explicó la investigadora.

Hubo mucha polémica con el arzobispado en Guatemala y el vaticano, por haber sido nombrado obispo de San Salvador por autoridades civiles locales, recibiendo misivas donde fue comunicado que se derogaban los decretos de elección civil y nombramiento como obispo.

Autoridades eclesiásticas de Guatemala declararon nulo su nombramiento de vicario general del Estado, el cual tenía 3 años de haberse realizado, advirtiéndole además del procedimiento de excomunión por los tribunales del vaticano y oficinas papales.

“Los esfuerzos que realizaron en ese entonces para que Delgado tomará el cargo en la parroquia, todos esos sacrificios fueron en vano, ya que el proyecto religioso fracasó; pero la finalidad con la que se hizo este proyecto era buscar la independencia”, reflexiona.

José Matías Delgado falleció el 12 de noviembre de 1832 y “se dejaron pasar 10 años para que se erigiera la diócesis de San Salvador; por lo tanto, significó que el papa de la época, Gregorio XVI, reconoce nuestras colonias como países, por eso Simón Bolívar y compañía lucharon para que el papa nombrará Obispos para el resto de los países de la región, pues de esa manera se obtenía el reconocimiento y aceptación de las naciones europeas.

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