Suchitoto, flor eterna de la cultura

La riqueza cultural, histórica y artística de aquel colorido municipio es lo que con el pasar de los años le ha permitido dar una verdadera identidad, y más aún un excelente gancho para atraer al turismo interno y extranjero.

Texto y fotos: Morena Azucena
La Palabra Universitaria

Suchitoto sigue igual de viva culturalmente como hace veinte años, época en la que el conflicto armado aún era una de sus principales cicatrices pero que, aun así, esta circunstancia trató de superarse gracias al trabajo del ya fallecido, Alejandro Cotto, gestor, líder y personaje insigne de esta ciudad.

Cotto siempre tuvo la inquietud de fomentar el arte en este municipio a través de un festival que mostraba a los lugareños y foráneos, interesantes manifestaciones de cine, teatro, danza, pintura, escultura y música.

Hoy, a pleno marzo y con un inclemente verano, la ciudad recién termina su 29º. Festival Internacional de Arte y Cultura y se encamina para mantener esa llama el resto del año a partir de actividades culturales, el turismo, artesanías, la gastronomía y una serie de eventos que citan semanalmente a cientos de nacionales y extranjeros.

Así, el Centro de Artes para la Paz se convierte en una de las paradas obligadas para todo visitante que quiera ver de primera mano, el talento de jóvenes y adultos que reciben formación artística con maestros y docentes expertos en diferentes ramas.

Una de ellas es Getsemaní Villalobos, una saxofonista de la Big Band de Suchitoto que demuestra su destreza, pero ante todo su pasión por la música. “Es una satisfacción muy grande, es una emoción y un poco de presión; pero es emocionante escuchar a toda la banda y leer las partituras”, menciona la joven mientras descansa en su ensayo dominical que tiene por lugar el antiguo convento.

Esta entrega la confirma el director de esta banda de música popular, Elmer Castro, quien comenta que ya son cuatro años de trayectoria artística que han sido demostrada, especialmente, en los diferentes espacios culturales de Suchitoto, pero que no descarta, poder hacerlo en otros lugares emblemáticos del país y fuera del territorio. “Para nosotros es un incentivo el poder tocar y dar a conocer nuestra música y el servicio profesional que damos. Tocamos de todo, salsa, popular, de todo”, asegura el artista.

Además de este grupo, otros jóvenes ensayan marimba, arpa, entre otros instrumentos que son enseñados en este centro cultural que otrora fuera un colegio parroquial, el cual quedó abandonado durante el conflicto armado pero que fue recuperado, posteriormente, por la religiosa norteamericana, Peggy O´Neill, según indica la artista y miembro de esta iniciativa

Daniela Heredia. “Aquí se tienen clases gratuitas y vienen de varias partes del municipio y de otros lugares que vienen a aprender música, teatro y pintura”, menciona la artista quien en febrero pasado presentó la exposición de fotografías “Retratos de amor”.

Las artes dramáticas también son parte del Centro Cultural para la Paz. Precisamente, el 10 de marzo, se presentó la compañía de teatro Bread Pupett con su pieza Pasacalle, una creación colectiva de varias organizaciones de Suchitoto.

 

El colorido de los huevos chimbos

En el corazón de la ciudad, los miembros de la Casa de la Cultura se tomaron la Plaza Central con los tradicionales huevos chimbos o huevos de pascua que son decorados con pintura y rellenados de papel de múltiples colores. “Este año trajimos el taller de huevos al parque porque mucho turista desconoce esta tradición que se hace después del Miércoles de Ceniza, pero estamos en el marco de los 40 días previos a la Semana Santa”, explicó la directora de la Casa de la Cultura, Aracely Nova.

De acuerdo a la tradición, el huevo es parte de las contraindicaciones culinarias de la Semana Mayor de antaño. Así, esta proteína se dejaba de consumir y eran sustituidos por los cascarones pintados y rellenados de papel. “La mayoría de hacendados guardaban la carne y los huevos durante la Semana Santa, entonces para la pascua los regalaban”, dice Nova respecto a la historia de esta costumbre popular.

Así, la colecta de cascarones en esta época se incrementaba y buscaban qué otros elementos podían incorporarle en su interior. “Recuerdo que uno los pintaba, los rellenaban y se les ponía hasta pica-pica o ceniza porque se revienta en la cabeza de la gente el miércoles de ceniza”, afirma Dolores Amaya, miembro del grupo de adultos mayores que, en esta ocasión, se dedicó a mostrar la elaboración de los huevos a los turistas.

 

Más turismo más arte

Para el empresario hotelero, de origen francés, y uno de los organizadores del festival cultural del lugar, Pascal Lebailly, la cultura sigue siendo la mejor carta de presentación de Suchitoto. “Venimos de febrero con el festival en donde tuvimos artistas nacionales e internacionales y seguimos con más atractivos durante todo el año”, indica.

Es así como su galería, que lleva su nombre, inició el mes exhibiendo “Antologia de sueños”, obra pictórica del nejapense, Manuel López, un joven que se decanta por el surrealismo con imágenes en las que predominan los animales y figuras antropomorfas que han sido creadas con técnicas mixtas.

“Mi obra está basada en lo onírico, en donde están representados los sueños que queremos realizar y los mundos fantásticos que creamos”, menciona López.

 

Cine “made in Suchitoto”

Hay otra parada obligatoria que debe hacer todo visitante: la oficina del Festival Internacional de Cine de Suchitoto (FICS), que, al momento, ha desarrollado cinco jornadas del séptimo arte. “El objetivo es exhibir las películas y hacer cine clubs para los niños cercanos o para la gente que desea venir acá”, afirma una de las gestoras del FICS. Es así como uno de los platos fuertes es la película “Alborada” de la cineasta salvadoreña, Paula Heredia.

El FICS se realiza cada noviembre y ya ganó terreno entre la comunidad y es apoyado por Casa Clementina, Alianza Francesa, Instituto Francés de América Central, entre otras entidades privadas.

 

La flor inagotable

Suchitoto, una ciudad de más de 160 años de existencia y con más de dos décadas de continua vida cultural y turística, promocionada a través de festivales impulsadas por gestores e entidades locales y privadas, seguirá, sin duda, con esa agenda intensa que refleja parte de la identidad salvadoreña.

“La idea es contar siempre con algo en la cartelera, hacer ver que somos un buen destino para disfrutar de arte y tradiciones”, remató la directora de la Casa de la Cultura.

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