Fortuna del pan: proyecto emprendedor que representa el sueño de una familia

José Arnoldo Magaña Orellana es el propietario de la panadería que con base al esfuerzo y espíritu de trabajo está logrando salir adelante. Su negocio empezó como un emprendimiento familiar y con el pasar del tiempo se está abriendo espacio en el mercado.

Texto y fotos: Wilber Corpeño
La Palabra Universitaria

Una persona con espíritu emprendedor es aquella que muestra capacidad y el deseo de desarrollar, organizar y manejar un negocio junto con sus respectivos riesgos; es alguien que diseña, lanza y pone en funcionamiento un nuevo negocio.

Lo anterior y un sinfín de cualidades extras son las que definen a don José Arnoldo Magaña Orellana, propietario de la panadería Fortuna del pan, un negocio familiar que inició hace muchos años como una idea de emprendedurismo.

La panadería, que desde hace algunos años ha logrado establecerse y abrirse paso entre el resto de negocios y comercios de la colonia Jardines de Cuscatlán, Ciudad Merliot, en Antiguo Cuscatlán, inició en 1984 como cualquier negocio, sin mayores recursos, produciendo de manera artesanal, pero con los deseos de desarrollarse y salir adelante con base en el incansable trabajo de la familia.

“Fue mi hermana la que empezó a elaborar pan casero y con la ayuda de su esposo se las ingeniaron para comercializar el producto. Empezaron haciendo volteados de guineo y de piña. El producto lo trabajaban en una cocina marca Tapan, era una cocina normal, como cualquier otra”, recuerda Magaña Orellana, quien desde aquellos años trabajó en el negocio al lado de su hermana.

Los años han pasado y el negocio se ha logrado mantener y crecer de poco a poco, pero el ahora propietario de la panadería reconoce que en más de 30 años han tenido que superar diversos obstáculos que por momentos han resultado difíciles de sobrellevar, como los estragos que provocó el terremoto de 1986.

“A raíz de ello nos tuvimos que mudar a Santa Ana por un año, en el que dejamos de trabajar en la panadería. En 1987 decidimos venirnos a este sector de Merliot y retomamos el esfuerzo, en esos momentos la panadería no tenía un nombre definido, solo trabajábamos, producíamos y vendíamos el pan”, explica el emprendedor.

Las ideas emprendedoras son así, no se definen desde el principio, si no que van adaptándose según los contextos, se van cumpliendo procesos, esos que según la dinámica de desarrollo o crecimiento se dan en el corto, mediano o largo plazo, por lo que para que aquel negocio de elaboración y comercialización de pan se definiera con un nombre, debieron pasar casí 10 años.

“Fue gracias a don Ramón, nuestro primer panificador, quien me inspiró a buscar un nombre. Establecimos el negocio con el nombre de Fortuna del pan desde 1991”, recuerda Magaña Orellana, quien reconoce que hay muchos aspectos por trabajar en torno a la marca, imagen y el posicionamiento de la misma para terminar de despegar y consolidarse en el mercado.

A pesar de no ser una empresa que cuente con estrategias de ningún tipo, que no tenga definida su propia identidad de marca y todo lo que ello implica, ha logrado desarrollarse y posicionarse en algunos sectores que implican atracción de clientes y fidelidad de los mismos, quienes confían en la calidad del producto.

“Aquí en Merliot tenemos nuestra casa matriz, pero tenemos tiendas de distribución en el sector de la Cima y en la residencial Europa, de Santa Tecla. Además, contamos con dos unidades de distribución móvil. Tenemos distribución a restaurantes y otros negocios o tiendas”, explicó.

Agrega que el principal obstáculo que en la actualidad enfrentan se enmarca en la falta de personal capacitado, no solo en la parte de producción, sino también en áreas relacionadas al mercadeo, administración y relaciones públicas, pues su mayor anhelo es posicionar su negocio como una marca competitiva en el mercado nacional, pero para ello es necesario trabajar desde áreas profesionales especializadas.

La situación anterior muestra una imperante necesidad de encontrar apoyo en instituciones dedicadas a reforzar iniciativas de emprendimiento, que le puedan brindar apoyo técnico para poder aliviar las necesidades antes descritas.

“Sería bueno que contemos con la ayuda de estudiantes universitarios que ya hayan avanzado en su carrera y quieran hacer sus prácticas en las áreas administrativas o de mercadeo para que nos puedan contribuir en la construcción de nuestra identidad corporativa”, expresó Magaña.

Hoy por hoy la panadería Fortuna del pan tiene sus puertas abiertas, ya sea en su casa matriz o en los otros dos locales en donde espera a sus clientes para que puedan degustar la variedad de productos como salpores, postres, semita, marquesote, peperecha, quesadilla, muffin, queiquitos, pastelitos, relámpagos, budín y un sinfín de variedades que el cliente elige si lo pide para llevar o para degustarlo en el local, acompañado de una taza de café.

     

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