Niños del sistema de coros y orquestas juveniles agasajan a sus madres con un recital

Se trata de un grupo de 70 niños del semillero de cuerdas del sistema de coros y orquestas juveniles, quienes brindaron un concierto especial para las madres en las instalaciones del MUNA.

Karen Fernández
La Palabra Universitaria

El auditorio del Museo Nacional de Antropología (MUNA) se vistió de gala para recibir a unas varias madres salvadoreñas que se deleitaron del recital musical que un grupo de 70 niños que forman parte del semillero de cuerdas del sistema de coros y orquestas juveniles ofreció en su honor.

Aquel emotivo concierto tuvo por objetivo, además de homenajear a las madres, mostrar los avances en la formación de la niñez que estudia violín, viola y violonchelo con el método Suzuki.

“La finalidad es poner en evidencia el trabajo que se ha venido haciendo con la niñez; eso es importante porque es un punto de reflexión para repasar todo lo que han aprendido desde las primeras lecciones hasta las últimas más avanzadas, de forma que no se les olviden. En esta primera etapa de formación es importante que las lecciones estén bien aprendidas porque es lo que les va ayudar a tocar apropiadamente el instrumento en el futuro”, explicó Mauricio Mena, director del sistema de coros y orquestas juveniles.

Dina Flores, madre de familia de uno de los infantes del semillero de cuerdas, dijo que “es una celebración que todas esperamos, ya que somos madres; es un agasajo y un reconocimiento para nosotras y qué más que ver a los niños dando los frutos de sus clases de violín, viola y violonchelo”.

De igual manera, Zoila Fuentes expresó que “es algo maravilloso el conocer los servicios que está prestando el Ministerio de Cultura. Yo no vivo aquí, sino que en Los Ángeles, estoy de visita” y añade que “es fenomenal que estén dando a los niños la formación completa hasta que llegan a adultos. La educación en el arte es lo mejor que puede existir”.

Fuentes también dijo que el recital estuvo “excelente” y agregó “me siento muy contenta al haber escuchado música clásica de los mejores del mundo, del pasado y saber que un infante la toca es lo máximo”.

Según Emilia Méndez, maestra del semillero de cuerdas, trabajan con la niñez a través de sus sentidos para que perciban el ritmo y luego transmitirlo dentro de su instrumento. “Utilizamos diferentes metodologías y dinámicas pedagógicas, en las que los padres también tienen que estar dentro de la clase para que interactuen con ellos y sea más dinámico y dé como resultado un avance de calidad”, sostuvo.

Así mismo, la instructora aseveró “cada vez que los veo (a los infantes) tocar, después de un arduo período de trabajo de tres meses y ver sus avances me da satisfacción. El verlos bien parados con una postura elegante interpretando cada canción me motiva a ser mejor cada día”.

     

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