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Rodrigo González: el estudiante que costea su carrera haciendo malabares en los semáforos de San Salvador




El estudiante de la licenciatura en comunicaciones con énfasis en inglés llegó a San Salvador con una meta trazada, estudiar una carrera profesional en la Utec pese a no contar con una fuente de ingresos, por lo que apeló a sus destrezas artísticas como malabarista.

Yenifer Meléndez

Fotos: Anderson González

La Palabra Universitaria

Rodrigo José González Ruiz es un joven estudiante de la licenciatura en comunicaciones con énfasis en inglés de la Universidad Tecnológica de El Salvador (Utec), quien cada mañana despierta con el deseo de cumplir sus metas con la mejor actitud, pues tiene bien definidas sus aspiraciones para el futuro.

Llevado por sus ideales y con la convicción de hacer realidad sus sueños el extrovertido joven, originario del municipio de Berlín, en el departamento de Usulután, decide viajar a San Salvador en diciembre del 2017, pues su más grande anhelo era ser estudiante universitario y particularmente ser uno de los más de 25 mil alumnos que hoy por hoy son parte de la que él llama su alma máter, la Utec.

Rodrigo confiesa que a San Salvador llegó solamente con el sueño de ser universitario en su mente, en su corazón y en sus ideales, pero sin dinero en los bolsillos para costearse sus estudios, por lo que con ayuda de unos amigos y conocidos se animó a hacer lo que mejor hace, piruetas y malabares en los semáforos de distintas calles en la capital y, de vez en cuando, se viste de payaso para amenizar una que otra fiesta, lo que de inmediato le empezó a generar recursos que le facilitaron poder inscribirse en la Utec y así ser parte de cientos de alumnos del área de comunicaciones que ahora forjan su futuro en las aulas.

Rodrigo es una persona que desde hace varios años fue atrapado por el mundo artístico de los malabares, actividad que no es nada fácil llevar a cabo pues tiene un alto grado de dificultad, pero también se caracteriza por su belleza visual, por lo que asegura que para realizar esa acción se necesita cierta habilidad psicomotriz.

“Hace unos años conocí a un amigo que practicaba malabares, fue con él con quien empecé a practicar y poco a poco fui desarrollando la técnica. Ese mismo amigo fue el responsable de invitarme a hacer malabares en las calles y los semáforos, ahí fue donde me di cuenta que uno podía brindar un show y a cambio recibir aplausos y además recibir alguna remuneración por la actuación”, recordó.

“Mi país El Salvador es un país en donde los jóvenes, cuando no tenemos que hacer, solamente pensamos en hacer cosas negativas, entonces si nosotros nos enfocamos en meternos en algún deporte, arte o algo que nos interese y nos mantenga entretenidos, es donde están los frutos de todo y nos permite estar donde queremos, poder ir a una universidad, conocer personas y aprender de distintas culturas”, reflexionó.

El malabarista reconoce que su dedicación por el arte le ha traído inconvenientes especialmente con su familia, que al principio no aceptaba su pasión por esa actividad, pero conforme ha pasado el tiempo se han dado cuenta del potencial que puede tener como artista pues le está abriendo muchas puertas, de las cuales quizá la más grande es acoger el sueño de ser universitario.

La situación de inseguridad en el país en los últimos años se ha vuelto muy amenazante, especialmente para los jóvenes, pero a pesar de ello Rodrigo explica que entre pandilleros y algunas autoridades policiales se cumple alguna especie de código que establece cierto respeto a los artistas organizados y ambulantes, pero eso no es ninguna garantía ya que nunca se puede estar totalmente confiado de la seguridad personal.

Rodrigo asegura que luchara hasta el último momento por alcanzar su propósito en el mediano plazo, que es graduarse como licenciado de las comunicaciones con énfasis en ingles en la Utec, lo que le abrirá paso a ser realidad su más grande sueño de vida, ser un hombre de hogar y contar con su propia familia.

"Además deseo poder ayudar a las personas más necesitadas y poder estar en un lugar u organización donde se me facilite contribuir con los más necesitados”, dice.

Cualquier persona que transita por las calles de San Salvador y, en especial en aquellos altos donde el semáforo puede tardar una “eternidad” para hacer los cambios, fácilmente puede apreciar las habilidades de Rodrigo haciendo malabares con machetes y cualquier otro tipo de objetos en sus manos, pero afirma que sabe combinar su tiempo en el que pone en primer plano sus compromisos formativos en la universidad.

“A veces antes de irme a la U paso a los semáforos tipo 6 de la mañana para ganarme algunos dólares y tipo 7:30 a.m., me dispongo a caminar rumbo a la universidad. Trato de no faltar a mis clases porque en este momento lo primero deben ser mis estudios", puntualizó.

 

 


Post date: 2018-03-16 23:12:59
Post date GMT: 2018-03-16 23:12:59
Post modified date: 2018-03-16 23:12:59
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