Apatía en la juventud frente al reciclaje político

Por Henry Esmildo Flores
Estudiante de Comunicaciones
La Palabra Universitaria

Los temas de participación juvenil están de moda en El Salvador en las áreas política y social. Se habla de importante inversión en programas sociales como el llamado “NINI” para jóvenes que ni trabajan ni estudian; se hicieron reformas en el Ministerio de Gobernación y el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE) para que se legalicen en el menor tiempo posible a organizaciones juveniles de tal manera que capten cooperación, entre otros supuestos beneficios estatales.

Pero, paradójicamente existe una realidad tangible, aunque vivimos en la era digital y en medio de diversidad de plataformas sociales, la juventud salvadoreña no quiere participar en la política. Ni la invitación del alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, que supera el millón de seguidores en sus redes sociales, en su mayoría jóvenes, motivaron a la juventud a sacar su Documento Único de Identidad (DUI) para poder votar en las próximas elecciones de concejos plurales y diputados.

Según datos del Registro Nacional de las Personas Naturales (RNPN), en el país hay 65 mil 906 jóvenes habilitados para que puedan votar, es decir, que cumplen la mayoría de edad antes del 4 de marzo, día de las elecciones; pero solo 1 mil 750 han acudido a un Duicentro a inscribirse para poder aparecer en el padrón.

Estos datos son parecidos a los de elecciones anteriores, hay poco entusiasmo de la juventud a incidir en la vida política del país y específicamente a través del voto.

Una de las razones que no motiva a la juventud es la no promoción de nuevos liderazgos, no solo en los partidos políticos, sino también en las instituciones del Estado. Si bien es cierto existen estructuras juveniles en los partidos políticos, tal parece que estos solo están de adorno y se dedican a repetir el mismo discurso de los viejos políticos.

Recordamos la reciente expulsión de un grupo de jóvenes de la juventud del partido ARENA porque se atrevieron a desafiar algunos principios que los líderes y fundadores consideran sagrados, como la no unión entre personas del mismo sexo o la discusión sobre la posibilidad del aborto en casos especiales. Y, por el otro lado, observamos a la dirigencia del FMLN considerar la expulsión de su alcalde más popular por las constantes críticas que hace éste a su mismo partido.

¿Cuántos jóvenes hay en la toma real de las decisiones del país? ¿Cuántos ministros menores de 32 años hay? ¿Cuántos diputados menores de 29 años hay en la Asamblea Legislativa? En el caso de diputados solo hay una propietaria menor de 29 años, pero que no tiene ningún poder de decisión en la Comisión Política del Partido y de la Asamblea.

Lo que sí observamos es que hay reciclaje político que desestimula a la juventud que considera que no hay espacios para ellos. Los diputados del FMLN que ya cumplieron sus tres períodos en la Asamblea Legislativa, todos tienen ya garantizados puestos en el gobierno o en otros espacios públicos.

La diputada Jacqueline Rivera, después de nueve años en el cargo, pasará a ser candidata a síndica por San Salvador, el exdiputado del Parlamento Centroamericano, José Luis Merino, pasó a ser viceministro.

En ARENA pasa lo mismo, la diputada Milena Escalón dejará de ser diputada pero pasará a ser candidata a alcaldesa por Santa Ana; Norman Quijano dejó la alcaldía para ser diputado de la Asamblea y así sucesivamente podríamos nombrar una serie de reciclajes políticos que no permiten que la juventud se abra espacios en las políticas públicas.

En El Salvador, para el año 2015, la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC) estima que una de cada 5 personas tenía entre 15 y 24 años y, por lo tanto, es uno de los sectores de población en los que hay que centrar la atención en el diseño de políticas públicas que promuevan el acceso a sus derechos como requisito para alcanzar su desarrollo.

Es a este grupo poblacional donde deben apuntar sus ojos los partidos políticos, instituciones del Estado, empresa privada, organizaciones locales y universidades, pero no solo para verlos como una fuente de lucro, sino, como una oportunidad para construir con ellos una base sólida de El Salvador. Se debe promover no solo la generación de empleos, sino la toma de los espacios del poder.

No es posible que los grupos irregulares tengan mayor penetración y poder en la juventud, cuando lo único que ofrecen es drogas, violencia y muerte. En cambio, la institucionalidad les puede ofrecer un mejor futuro para ellos y sus familias. Esto se logrará no solo con el discurso.

Es el momento de un relevo generacional, es el momento que se le ponga freno al reciclaje político, que si bien es cierto su experiencia es invaluable, se necesita que dejen sus espacios y promuevan el de nuevas generaciones.

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


uno + = 3