De una afanosa tarea sin fin

Doctor Ramón Rivas

Desde 1841, precisamente en la época que don Bernardo Perdomo era alcalde municipal, Ilobasco comienza a dar saltos como para poder salir delante de su abandono como Villa. Hasta ese período, Ilobasco había sido solo un poblado con una infraestructura miserable igual o peor que los demás lugares del resto del país; si bien, el poblado ya poseía título de Villa, su infraestructura dejaba mucho que desear.

La Villa como tal, sólo disponía de dos iglesias en estado deplorable y algunas calles. La Iglesia El Calvario hasta 1850 no era más que una ermita provisoria. La insalubridad en que vivía la gente la describieron los viajeros de la época.

Sus pobladores no disponían de agua potable y durante las épocas de invierno, en algunas calles de los barrios, era imposible transitar por el estado deplorable en que se encontraban. Es más, no había edificio propio para escuela y los jóvenes en edad escolar deambulaban en diferentes casas.

Tres cementerios existían en la Villa: El Barrial, que existió hasta 1850 y se ubicó entre lo que hoy se conoce como el barrio La Cruz (popularmente conocido como El Barrial) y la Colonia San Carlos. Luego, este cementerio fue reemplazado por el de los ricos. El Chaparral, hoy en día conocido como cementerio de Los Pobres y el cementerio de La Calavera, en desuso.

Don Bernardo Perdomo, en sus diferentes períodos como alcalde municipal realizó muchas obras materiales en beneficio de la ciudadanía; edificó obras como la iglesia de El Calvario, con la colaboración del estadista don Juan J. Bonilla. La primera casa que ocupó el entonces Cabildo (hoy día Alcaldía Municipal), en el tiempo de don Bernardo Perdomo era un miserable edificio que se encontraba ubicado precisamente entre lo que hoy es la Alcaldía Municipal y el actual edificio en ruinas del antiguo Cine Palace.

El cuartel y las cárceles públicas estuvieron ubicadas en el lugar que en la actualidad se encuentra el edificio en ruinas del antiguo Cine Palace, frente al parque municipal. Cuando el cuartel dejó de existir, en el lugar se improvisó una plazoleta de juegos recreativos que llevaba el nombre de don Manuel Bonilla, otro ilustre hombre de Ilobasco.

En 1851, don Bernardo Perdomo, dio inicio a la construcción del cementerio antiguo, hoy en día “cementerio de Los Ricos”, que fue terminado en el año de 1870. El cementerio conocido como “La Calavera” y que se ubicaba en la carretera vieja hacia Sensuntepeque, a medio kilómetro de la iglesia Los Desamparados, es mucho más viejo y, si bien dejó de ser utilizado cuando en 1851 se inició la construcción del “Cementerio antiguo” o de “los ricos”, cuando llegaron las epidemias del cólera fue nuevamente utilizado.

El cementerio de La Calavera se hizo impopular entre los pobladores por su lejanía y porque en épocas de lluvia el lugar se convertía en pantano. También abrió calles, hizo la mayor parte de los empedrados de la ciudad, las pilas de las fuentes de El Chucho. Una ruina que en la actualidad está localizada a dos cuadras, más o menos, de donde se encuentra el Instituto Nacional de Ilobasco o mejor conocido como “El Bachillerato”.

El Palón. Localizada en el lugar que se conoce como el barrio de La Cruz o “El Barrial”.

La Pila del Muerto, a más o menos kilómetro y medio de la iglesia Los Desamparados, en la “calle vieja” que conduce a Sensuntepeque; las pilas en El Barrial, llamadas también, El Brincadero, delante de Los Cerritos y otra más, en la parte de atrás de la antigua iglesia El Calvario, llamada la pila de El Ciririco, etc.

La capilla de la Iglesia Parroquial, que estaba en ruinas, fue reparada durante su período como Alcalde, y, en su calidad de diputado, obtuvo del gobierno del Mariscal de Campo, don Santiago González,  seis mil colones que se emplearon en la compra del terreno en donde se encuentra el edificio que en la actualidad ocupa la alcaldía municipal. El edificio de fachada de la actual alcaldía fue reconstruido por el arquitecto Hugo Navarrete, hijo del Doctor Vicente Navarrete en 1950.

Don Bernardo Perdomo fue también la persona que coordinó para que se efectuara el empedrado de las principales calles de la ciudad, así como la construcción de algunos puentes.

Pero, por otra parte, todos los entrevistados coincidieron que fue precisamente la luz eléctrica el motor que vino a cambiar el destino de Ilobasco en todos sus aspectos; los medios de comunicación se hicieron más efectivos e Ilobasco salió del aislamiento que había venido caracterizando al lugar.

El 12 de agosto de 1929, el Ejecutivo aprobó el contrato entre la Municipalidad de Ilobasco y la Compañía de Alumbrado Eléctrico que, de inmediato, pasó a ser instalada en la municipalidad y sus contornos, la cual en ese entonces era dirigida por el alcalde don Camilo Ruíz, cuya esposa fue la distinguida señora doña Ángela de Pajares, propietaria de la finca El Socorro, a tres kilómetros de Ilobasco con dirección a Tejutepeque. Fue hasta mediados de 1930 que la luz eléctrica comenzó a expandirse en las demás casas de los pobladores.

Hasta 1933 se instaló definitivamente el agua potable en Ilobasco. No obstante, hemos encontrado que el sábado 15 de mayo de 1915, La Prensa (hoy La Prensa Gráfica) anunciaba: “Se aprueba en la Asamblea la introducción del agua potable en Ilobasco”.

Para esa oportunidad se construyeron, además, varios chorros públicos, dos en el Barrio San Miguel, uno frente a la casa de don Herculano Platero (alcalde de Ilobasco por dos períodos, 1989-1992) y el otro frente a la casa de don Agustín Abarca, en el Barrio San Miguel (calle con dirección al cantón Azacualpa).

Hubo otro chorro público en la esquina del costado norte del Parque Central y en El Chiraco, hoy día conocido como colonia Santa Marta; popularmente esta colonia, por su ubicación geográfica, es conocida por los pobladores como “El Tobogán”. Había otro “chorro público”, precisamente, frente a la casa del señor Manuel Hernández.

Las pilas que se construyeron bajo el esmero de don Bernardo Perdomo setenta años atrás, fueron perdiendo, con el pasar del tiempo, su valor y poco a poco se fueron secando.

Los restos de las pilas que aún se encuentran frente a la iglesia Los Desamparados (en el centro de lo que es hoy día es el parque) y la que se encuentra frente a la iglesia El Calvario, a un lado de la calle de entrada principal (Avenida “Carlos Bonilla”), fueron construidas precisamente en el mismo período. Estas sirvieron como fuentes de abastecimiento de agua al público y abastecieron a los pobladores hasta más o menos 1962, este período del alcalde don Bernardo Perdomo se conoció popularmente como el período de las pilas.

La mayor parte de estas pilas públicas desaparecieron cuando llegó a Ilobasco el ANDA (Asociación Nacional de Acueductos y Alcantarillados) en 1948, estando como alcalde de turno don Miguel Ángel.

Entrevistados para este estudio como don Rutilio Antonio Flores, refiriéndose al primer sistema de alumbrado eléctrico en Ilobasco expreso que “antes, la electricidad venía de un lugar llamado ´El Chorreron´, una Presa, delante de Cojutepeque y los focos eran de 25 watts que eran unos focos con luz opaca que alumbraban muy poco”.

De acuerdo a doña Luisa Lozano, “(…) hasta 1910, la gente se alumbraba por las noches con antorchas de Ocote, después hubo un alumbrado aquí que era de faroles. En las esquinas había unos faroles y en su parte interior se ponían unas candelas.

Eran contadas las esquinas que tenían faroles. Don Regino Martínez recuerda haber escuchado de su padre que en el tiempo de los faroles se había popularizado en Ilobasco una canción que decía: “Farolito ya son las cinco de la mañana apaga los faroles (…)”. Era una canción que hacía alusión a los serenos encargados de encender y apagar con antorchas los faroles que se habían instalado en las esquinas principales de las calles de la ciudad.

En 1916 instalaron faroles, sólo en la Plaza del Centro, que después sería el Parque Central, un alumbrado de sólo plantas de carburo.

Doña Lidia Nerio me dijo que “antes de que existiera luz eléctrica en las esquinas principales de Ilobasco habían faroles, los que eran encendidos cuando empezaba a oscurecer y apagados a las nueve de la noche”. Doña Lidia Nerio afirma “yo tendría ochos años cuando pusieron la luz eléctrica. Primero la pusieron pública y sólo en algunas casas, las de los ricos tenían luz privada. La gente decía que la luz era bien cara (…).

En 1965 se instalaron, en un buen número de calles, sobre todo las principales, postes de madera, de los que colgaba un foco de 50 watt. En 1978 se instalaron 10 lámparas de mercurio en puntos estratégicos de la ciudad y no fue hasta 1995 en que se cambiaron todos los focos incandescentes por lámparas de mercurio. Esta iniciativa fue gestionada por el alcalde de turno Alfredo Alejandro Muñoz y su Corporación Municipal.

Hasta principios de los años setenta las calles de Ilobasco eran empedradas casi en su totalidad aunque había algunas, sobre todo en sus contornos, que no lo estaban. Al respecto doña Carmela Abarca refiriéndose a las calles menciona que “eran empedradas, corría el agua cuando llovía. En medio de las calles eran grandes correntadas de agua, a veces hasta se llenaba de una casa a otra. Don Bernardino Abarca al respecto dice “habían varias calles empedradas. No todas (…) y había aceras de piedra, no de cemento, sino que eran de piedra las aceras que habían al lado de las casas y a las orillas de las aceras habían árboles de naranjo, de almendro y de capulines los que más abundaban”.

 

Desarrollo como ciudad

Aunque Ilobasco lleva el título de ciudad desde hace muchos años, es sólo hasta 1964 que comenzó a dejar aquella característica de pueblo y es a partir de 1964 que Ilobasco como tal, alcanzaba un acelerado desarrollo en lo que se refiere a su estructura como ciudad. A vuelo de pájaro mencionaremos algunas de las obras que en ese lapso de tiempo se realizaron: En 1970 se pavimentó la carretera que une a Ilobasco con San Rafael Cedros.

Se construyó el Estadio Municipal (Desde 1982, lleva el nombre “Mauricio Vides”. Vides estimuló el deporte en la ciudad. Por mucho tiempo, fue presidente de la Junta Directiva del equipo de Fútbol de la ciudad El Club Deportivo Roble. Hasta mayo de 1998, El Roble jugó en la primera división en el fútbol nacional salvadoreño. Vides murió asesinado en circunstancias aún no establecidas en los primeros años de la década de los ochenta).

Se construyó el Instituto Nacional Académico.

Se construyó la Escuela Urbana Mixta “Bernardo Perdomo”.

Se mejoró el servicio de agua potable.

Se construyó el Parque Los Desamparados.

Se construyó el Rastro Municipal.

Se construyó el edificio de ANTEL (En una placa a un lado de la entrada principal se lee: “Construido en la administración presidencial del Coronel Julio Adalberto Rivera, Junta Directica de ANTEL. Presidente: Teniente Coronel Mario Guerrero, Directores propietarios. Dr. Eusebio Martell, Dr. M. Guillermo Novoa, Teniente Coronel, Julio Cesar Cornejo, Ing. Mauricio Antonio Posada. Ilobasco, 21 de diciembre de 1966).

Se construyó el edificio de la Comandancia de la Guardia Nacional.

Se amplió el Mercado Municipal

Se empedraron las calles frente al parque y desde la entrada hasta el centro de la ciudad.

Se remodeló el edificio de la Alcaldía Municipal.

Se remodeló el parque “Enrique Hoyos” (Hasta ese entonces, el parque central “Enrique Hoyos”, era el centro predilecto de encuentro entre los pueblerinos.

El cambio enorme que sufrió aquel amplio, elegante y sombreado lugar de encuentro, característico de los parques hispanoamericanos, de la noche a la mañana lo transformaron en una plaza desnuda y hasta cierto punto ordinaria. Sus elegantes sillones de cemento fueron arrancados y otros destruidos.

En 1978 observé uno de estos sillones arrimados contra la pared de la Alcaldía Municipal y otro que pude observar en un parque de Cojutepeque. Por muchos años, “después de la remodelación” el parque no fue más que una plaza a la intemperie del sol.

En 1997, cuando realice este estudio, Ilobasco no disponía de un parque central que los pobladores lo identificaran como un centro de encuentro y de descanso. Es más, unos servicios sanitarios en el mero centro de la ciudad, había transformado aquel lugar feo en un basurero insalubre y apestoso.

Observé además que el partido político en el poder había pintado todo el lugar con sus colores. Estos son hechos vulgares de los que se valen los partidos políticos para demostrar que existen cuando en la realidad, con estas acciones, no solo demuestran lo ignorantes que son, sino que además perjudican y no les importa destruir un importante acervo patrimonial.

Se creó la Agencia de la A.B.C (Asociación de Bienestar Campesino) hoy en día el Banco de Fomento Agropecuario).

Se repararon caminos vecinales

Se construyeron varias escuelas rurales

Se construyó la anterior unidad de salud y se construyó además la calle desvío que conduce a la ciudad de Sensuntepeque.

Fue don Miguel Arévalo Peña, en su período de alcalde, quien compró el campo de fútbol donde hoy día se encuentra localizado el Estadio Municipal “Mauricio Vides”, en los primeros años de la década de los sesenta, lo hizo con subsidio de la alcaldía municipal. El costo fue de dos mil quinientos colones. La propiedad era de la Sra. doña Elba de Castro. Por muchos años, esos terrenos que servían de potrero se conocieron popularmente como “el campo el siete”.

Como ya más arriba hacíamos mención, tradicionalmente Ilobasco se caracterizó por disponer de solo cinco barrios: El Centro, Los Desamparados, San Sebastián y El Calvario. Estos barrios fueron el reflejo de Ilobasco hasta que en 1960 comienza a surgir el barrio La Cruz.

En 1976, se da otro fenómeno en Ilobasco, y es el hecho que desde ese momento comienzan a surgir “las colonias”. En la década de los años setenta, surge la colonia San Rafael (El terreno donde en la actualidad se ubica la colonia San Rafael, fue propiedad de doña Olinda Cea, ella lo vendió a don Carlos Saca en 1940.

Don Carlos Saca denominó el lugar como “La Chacra” que cuando lo compra manda a construir un tanque de agua, al estilo pila, para aprovechar una fuente natural que había en la zona. Yo aún pude ver las ruinas en 1977 ubicadas a un lado del Hospital General. Don Carlos Saca vendió el terreno a don Gonzalo Arévalo quien construyó las primeras casas de la colonia en a finales de 1976.

La colonia San Rafael, vino en un principio, a crear recelo entre muchos pobladores ya que no era lo mismo estar acostumbrado a escuchar la palabra “barrio”, que “colonia”, un término sólo usado en San Salvador y otras ciudades grandes del país. Además, el estilo de las casas de la colonia San Rafael, no era del tipo al que la gente estaba acostumbrada ver y habitar en Ilobasco.

 

Efectos de la guerra

La guerra que azotó el país por más de doce años durante toda la década de los ochenta, vino a transformar, de una vez por todas a Ilobasco en todas sus dimensiones. Aquel “desarrollo” socio- económico y social, pausado, que se había venido dando, por años, desde su fundación como ciudad, así como las distinciones entre de clases que había marcado a su medio social se vino al traste durante y después de la guerra.

Muchos de los habitantes originarios, y los hijos de estos, emigraron hacia San Salvador o al extranjero y algunos, desde mucho antes de que recrudeciera el conflicto bélico. Ilobasco siguió creciendo, no solo en población, sino también en todos sus aspectos, principalmente en lo económico y en desorden urbanístico.

A inicios de 1978, y precisamente en los momentos en los que la guerra empezaba, se dio inicio con la lotificación del terreno que posteriormente se iba a llamar Colonia Miranda I y Miranda II, (El terreno, en donde se ubica la populosa colonia Miranda, era propiedad de don Jesús Miranda.

De acuerdo a informantes, don Jesús Miranda heredó a sus hijos el terreno, quienes a su vez lo comenzaron a lotificar a finales de los años setenta. Conviene hacer mención que se trataba de un predio plano en donde los pobladores de la zona practicaban fútbol, por lo menos hasta 1997, fecha en que llevé a cabo este estudio.

Se trata del predio que los pobladores de la colonia utilizan para practicar deporte. El lugar se conocía popularmente como “la cancha de los Miranda”.

Para 1988, Ilobasco se había convertido en la metrópoli de la región. Y es que no solo habitantes de los caserillos y cantones habían emigrado a la ciudad, sino que también de pueblos y ciudades como Tejutepeque, Cinquera, Jutiapa y poblaciones del vecino departamento de Chalatenango, como ser: San José Cancasque, San Antonio los Ranchos, Potonico, Nombre de Jesús y San José las Flores, que durante el conflicto bélico fueron verdaderos campos de batalla y que afectó enormemente a la población civil.

En 1980, comienza a surgir la colonia La Palma, en el lugar tradicionalmente conocido como “campo El Siete”. En 1997, en este antiguo terreno y sus contornos utilizados para la siembra de caña de azúcar, se encontró con seis colonias, así; colonia El Siete, colonia Alcaine, colonia La Palma, colonia Maracaná, colonia San Carlos y Zona Verde. Estas colonias son las que rodean el Estadio Municipal, “Mauricio Vides” (Gran parte de estos terrenos fueron propiedad de doña Elba Castro).

Y con el flujo de emigrantes que invadió Ilobasco, en la década de los ochenta, más y más colonias fueron surgiendo en los contornos del tradicional casco urbano, así: colonia El Carmen, colonia Residencial, Santa Elena, El Milán, El Recuerdo, El Porvenir, San Francisco, Vega, Sagrado Corazón, San Carlos, Helen, Lomas de Tepeyac, San Luis, Santa Teresa, Molina, residencial San José y colonias Elen I y II. Don Tulio Dagoberto López fue quien comenzó a lotificar en 1973 parte de una de sus enormes propiedades a la orilla de la carretera principal que une a Ilobasco con San Rafael Cedros.

Al momento de efectuar este estudio en 1997, el proyecto de lotificación continuaba en su segunda fase, hasta llegar al “cementerio de Los Pobres”.

Al momento que realice el estudio, en 1997, Ilobasco contaba con dos hoteles, ya con unos dos años de servicio; el Hotel La Casona y el Hotel Ilobasco. Había, además, dos moteles “de mala muerte”; la Pensión Central y el Motel Sagitario, que desde la década de los años setenta servían como guarida de borrachos, delincuentes y prostitutas ambulantes.

En 1997, Ilobasco contaba con 23 barrios pero entre estos barrios se encuentran incluidos las colonias y las residenciales. En 1998, encontré un buen número de lugares ya listos para ser lotificados entre estos; lotificación “Mata de Huerta”, en el kilómetro 51, cerca del desvío a Sensuntepeque, la lotificación Limares, etapa I y II, también en el kilómetro 51, la lotificación Cerro Colorado, en el caserío Las Flores de la jurisdicción de Ilobasco, la lotificación Planes de Ilobasco. La ciudad se expandía enormemente y la gente seguía llegando para establecerse.

En ese entonces, a Ilobasco le faltaba un buen y elegante restaurante, como la creciente ciudad se lo merecía. Si encontré 19 comedores populares y una pizzería que ofrecían comida a precios favorables. En el barrio El Calvario, se creó, en 1998, un bonito y necesario restaurante. Es más, por tradición, el mercado Municipal ha albergado un lugar especial en donde se ubicaban las vendedoras de comida, que suplían a un buen número de visitantes, principalmente del campo.

La ausencia de memoria histórica que siempre nos ha caracterizado, es la que hizo posible la destrucción del hermoso parque y el descuido en que encontré también el parque de Los Desamparados.

Gran responsabilidad tienen también los distintos gobiernos municipales que han mal manejado el destino de la ciudad sin el más mínimo sentido de responsabilidad histórica y sin haberse preocupado por forjar en sus habitantes, una conciencia de lo que significa cuidad y valorar la ciudad que nos identifica, que es parte de nuestra identidad como originarios de ese lugar, todo esto en aras del pasado y en función del futuro de las nuevas generaciones.

El patrimonio cultural es también un recurso no renovable como el agua, la flora y la fauna. De aquí que sea responsabilidad de todos los Ilobasquenses salvarlo y preservarlo.

 

Fuente: Ramón Rivas. ILOBASCO. Una aproximación histórica y antropológica. San Salvador, El Salvador. Tecnoimpresos. Primera Edición 2000. 417 páginas.

     

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