Solo los mejores estudiantes pasan de grado

Profesor  Ángel Hernández Palacios

Los problemas de aprendizaje que afectan al sector estudiantil pueden radicar en el entorno familiar, en la escuela o en la comunidad, pues son los factores intrínsecos o extrínsecos a los adolescentes que los motivan o desmotivan ante la necesidad de aprender.

En este orden de ideas, se debe iniciar con un estudio desde el ambiente familiar, pues en ocasiones los jóvenes presentan bajo rendimiento escolar o alguna dificultad para adquirir conocimientos.

Los problemas pueden ser los siguientes: jóvenes que provienen de familias desintegradas, de bajo nivel socioeconómico y cultural, en donde los factores de mala convivencia, la mala alimentación o la baja autoestima afectan las conductas del adolescente generándole un problema cognitivo, pues es claro que si en el ambiente familiar hay inestabilidad emocional, económica o ambas, esto afecta tanto cognitiva como socialmente, involucrándolo en problemas que no son necesariamente adecuados para el desarrollo de su vida, tal es el caso de Fredy, un joven de 19 años que habita en un lugar fuera del casco urbano del municipio de su residencia; es un estudiante con poco interés por el aprendizaje.

Al entrevistarlo sobre el bajo rendimiento académico me contestó lo siguiente:

—Es que, fíjese profe, usted sabe que yo vivo con mi tía y ella mucho me regaña porque no le hago caso. A mí me gusta el deporte, andar con mis amigos, por eso no me queda tiempo para estudiar o hacer las tareas. Eso de andar con los demás bichos en la calle… Uno se siente bien porque ellos sí lo comprenden a uno. El problema es cuando uno se mete a una mara, y no se puede salir. Además ya no se puede estar tranquilo porque cada rato le llaman para ir a vigilar o hacer otra cosa. Mi tía me aconseja y me dice que estudie, que aproveche el tiempo, por eso es que  a veces hago el esfuerzo y también porque la seño nos regaña.

— ¿Trabajas?

—A veces voy a hacer zapatos.

— ¿Ya puedes?

—Estoy aprendiendo. Me ponen a lustrarlos y ordenarlos. Pero hoy sí me pongo las pilas, profe, voy estudiar y cumplir con mis tareas. ¿Me da chance de traerle las tareas que le debo?

—Claro que puedes. Te doy tres días para que las presentes.

—Siquiera al cinco que llegue para pasar su materia; en las otras voy más o menos.

—Te aconsejo que hagas el esfuerzo de estudiar y entregar tus tareas que tienes pendientes con los otros profesores, o habla con ellos para que te den otra oportunidad.

—Sí, profe, le agradezco. Usted no es enojado como los otros.

Otro caso es el Alexander, con 19 años de edad. Vive en la zona urbana, es un muchacho distraído sin ninguna aspiración de superación académica. Mis preguntas fueron las siguientes:

— ¿Por qué no te preocupas por mejorar tus notas? y ¿cuál es el problema?

—La verdad que en la casa no veo ningún apoyo por parte de mis padres, me mandan hacer oficio; pero de estudio no me preguntan nada, ni saben cuáles son mis calificaciones, por eso es que ya no quiero estudiar.

— ¿Entonces, qué piensas?

—No sé profe, tal vez me dedique a trabajar.

—Mira, todavía tienes oportunidad, haz el esfuerzo para que no te quedes aplazado.

—¿Cree?

—¡Claro que se puede!  Habla con los otros maestros.

Esta es la expresión de Alex. Necesita de ayuda. Sus padres no le brindan el apoyo necesario; esto lo lleva a ser un estudiante más, sin ningún propósito y es lo que perjudica a muchos jóvenes que no se sienten representados.

Ahora, como docentes, ¿Qué hacemos? ¿Conocemos sus problemas por los que ellos están pasando? quizás sí, quizás no. ¿Nada más nos volvemos maestros regañones, acusadores por sus bajas calificaciones diciéndoles que no van a pasar de grado, porque no les da el promedio, negándoles el derecho a ayudarles? Es competencia del maestro conocer la situación real del estudiante para ver en qué se le puede apoyar.

Veamos que nos dice Rigoberto, un joven humilde, respetuoso, colaborador dedicado al estudio. Él manifestó tener todo el apoyo de sus padres, ya que ellos le exigen buen rendimiento académico, quieren que sea un hombre preparado. Pero sus condiciones económicas le limitan presentar sus tareas a tiempo.

Vive en la zona rural, muy retirado del pueblo. El expone que para hacer sus trabajos  de investigación tiene que viajar hasta el centro del municipio donde estudia, porque allí puede encontrar un cibercafé, una librería, lo que en el cantón no existe; tampoco tiene computadora, esto le obliga a rebuscarse, como se dice en buen salvadoreño.

Además, la situación delincuencial en su comunidad es temible, por lo que sus padres le restringen las salidas, razón por la cual manifiesta retrasarse con la entrega de sus actividades o no tener el material para exponer por las limitantes.

Casos muy diferentes. ¿Qué se puede hacer?, me preguntó. ¡Ah! Poner atención a la diversidad de problemas a las que se exponen estos estudiantes y ver en qué medida se les puede dar otras opciones a estos muchachos, u  orientar la planificación de acuerdo con las necesidades, fortalezas y debilidades que tiene cada uno de ellos.

Caso de Rosita, una niña muy amable y servicial que vive en las afueras de la zona urbana. Ante las mismas preguntas, sus respuestas son las siguientes:

—Mi mamá me quiere, me compra todo lo que yo le pido, pero a mí no me gusta estudiar, me gusta más ver la tele. Como ella casi no pasa en la casa por estar trabajando, no me dice nada. Es que estudiar es muy aburrido. Aunque cuando salgo mal en los exámenes me siento mal, pero luego me pasa. Cuando mi mami va a traer las notas me regañan y me dice que me va a sacar de la escuela y me va a poner a trabajar.

—Entonces ¿qué piensas?

Rosita  piensa y contesta:

—Profe, solo terminaré él noveno y después a ver qué hago.

— ¿Nunca has pensado en tu futuro?

—Sí, pero no sé… Quizás trabajar y ayudarle a mi mamá, porque solo con ella vivo.

Bueno, bueno, más preguntas que respuestas. ¿Qué podemos hacer para cambiar la mentalidad de Rosita, su falta de motivación y muy poca autoestima si con su madre no la tiene? Entonces, ¿quién puede?

El trabajo del docente no es tan fácil. Si queremos que estos jóvenes salgan adelante, hay que prestarles atención, darles confianza para que ellos puedan externar su vivencia, que les hace falta para que ellos puedan empoderarse del valor que tienen y sepan que pueden hacer mucho por su propia cuenta y triunfar en la vida.

La labor del docente es un reto, todo con la finalidad de hacer un buen trabajo, si es que así se quiere. De lo contrario, todo seguirá igual, se seguirá culpando a los estudiantes de que no les interesa el estudio, cuando solo nos dedicamos a ponerles trabajo, exigirles buenas notas o etiquetarlos de haraganes y acusarlos de que los papás no hacen nada por ellos. Entonces ¿en qué quedamos?

En conclusión, los problemas de aprendizaje son muy diversos y es necesario conocerlos; más para los docentes que trabajamos con adolescentes que están en busca de su identidad y necesitan de una buena orientación, de una variada metodología, para que las materias no las sientan difíciles o tediosas.

Este tema me hizo recordar cuando yo estudiaba profesorado en la universidad. La forma en que un ingeniero que nos impartió la Matemática I, fue una odisea, ya que la mayoría del grupo de estudiantes no entendía la clase y él nos decía que en la universidad solo se quedaban los inteligentes.

Reprobé la materia en el primer ciclo; la tuve que llevar en segunda opción. Para mí fue una pesadilla porque al reprobarla por segunda vez tenía que cambiarme de carrera o simplemente renunciar a mi sueño de ser maestro. Pero mi lucha por continuar mi carrera me fortaleció, además, fue otro maestro el que impartió la asignatura y así logre aprobarla.

Ahora pienso que no hay nada difícil cuando el maestro sabe cómo darse a entender con sus alumnos, conociendo cómo aprende cada uno de ellos y cómo le gusta que se le explique para que se sienta motivado y construya su propio aprendizaje.

     

One Response to Solo los mejores estudiantes pasan de grado

  1. Adilia Valenzuela de Rivas dice:

    Es un artículo muy apegado a la realidad de la educación salvadoreña y con los retos del docente por efectuar su verdadero rol que la misma realidad le demanda. Considero que se aplica a la educación superior y es el reto de los docentes de las universidades.

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