Hagamos renacer la esperanza de la Navidad

Ramón D. Rivas Ph.D
Antropólogo y Director de Cultura de la UTEC

En algún momento de la vida nos habremos preguntado: ¿Por qué celebramos la navidad? ¿Qué significa para las personas esta época del año? Las respuestas podemos encontrarlas dependiendo del enfoque que cada persona desea hacerle; o talvez, tendríamos alguna respuesta con base en la realidad en la que vivimos.

Con el paso de los años, los medios de comunicación, el comercio y el consumismo han sido los autores principales en impulsar la transformación de nuestras tradiciones y costumbres y, ante ello, no ha escapado la celebración de la navidad. Para ejemplo, podemos observar cómo se empieza a publicitar o promover, desde las primeras semanas de noviembre, las celebraciones navideñas, cuando antes nos preparábamos en la primera semana de diciembre. Los grandes comerciantes promueven los productos y ofertas navideñas por televisión y periódicos 50 ó 60 días antes del 25 de diciembre, fecha que estableció la iglesia católica como el día en que nació el Mesías en Belén.

El comerciante, sin principios y valores, puede ser voraz en el mercado; no le importa romper esquemas para obtener su objetivo: vender más que su competencia. Se suma a ello la aceptación social de entremezclar las tradiciones navideñas con prácticas consumistas pendencieras que buscan el dinero y el placer más que la armonía y el respeto de la persona misma. A muchas personas ya no les interesa el sentido cristiano de la navidad. Hoy es comercio, consumo, fiestas y hasta paganismo, donde se realizan rituales y prácticas de veneración a símbolos como el árbol navideño, papá Noel, entre otros.

La cultura navideña de antaño en nuestro país fue muy diferente a la que se vive hoy en día en nuestra sociedad. Y digo cultura navideña a la forma de celebrar las fiestas en honor al nacimiento de Jesús-Cristo. Ha sido una transformación sorprendente que solo quedan los recuerdos en aquellos que vivieron la época navideña desde la perspectiva cristiana.

Antes, esta época era motivo para promover los valores humanos tendientes a fomentar la armonía, el respeto y el amor hacia el Hijo de Dios. Elaboración del nacimiento, posadas, música de la época, comidas que variaban desde tamales, hasta gallo en chicha y sin faltar los derivados del maíz, los tan gustados totopostes.

Todos los que sobrepasamos los 30 años de edad, recordaremos esos años con navidades donde los medios de comunicación apoyaban y celebraban las fiestas con enseñanzas dadas por medio de series o programas de televisión, tales como: “El Niño del Tambor”, “Milagro en la calle 41” y “Si Virginia, si existe la navidad”.

En las familias católicas se promovía la fecha con la instalación de los “Nacimientos de barro” en las casas, enviar tarjetas navideñas por correo, asistir a la Misa de Gallo, a las Pastorelas en las comunidades y las cenas entre los miembros de familia, todo con un enfoque religioso, buscando hacer renacer el espíritu de navidad en cada una de las personas a las cuales conocíamos y amábamos. Eran grandes encuentros familiares y religiosos.

Ese espíritu navideño, que no puede explicarse científicamente, hacía en los seres humanos, buscarle sentido a la vida y a los problemas por medio de la reconciliación y la solidaridad.  Todo ello está quedando en la historia, en el recuerdo de los “viejos”.

Nos preguntamos una vez más: ¿qué tipo de navidad viven hoy los salvadoreños? ¿Cuál es la diferencia con los años de antaño? La transformación es notable, no para bien, sino para mal. Ahora nuestra sociedad se mueve entre el consumo, individualismo, indiferencia y odio infundado que nos ha llevado a una violencia desmedida.

Considero que hoy más que nunca, necesitamos rescatar el verdadero valor y significado de la navidad; sobre todo, porque es una época muy esperada por todos los seres humanos. Aunque debería ser esperada con ansias para renovar nuestras mentes y nuestros propósitos, con la esperanza de alcanzar una vida mejor, en paz y respeto.

Además, no debería perderse el sentido original de la fecha que desde el punto de vista de los que creen no es más que: festejar ese gran acontecimiento del nacimiento de Jesús-Cristo, el Hijo de Dios que vino al mundo para ser hombre, para vivir como todos nosotros, para sentir el dolor, la alegría y la fatiga humana; esta es la razón de la navidad.  Deberíamos de reflexionar que Él nació como nacen millones de personas en el mundo: pobres y sin una casa, pero con una familia con valores y un pueblo lleno de esperanza y fe.

El Papa Bergoglio lo dice de esta manera: “Se trata de un relato histórico, sencillo y con marcada referencia al camino andado por el pueblo de Israel. Cuando Dios eligió a su pueblo y comenzó a caminar con él, le hizo una promesa; no les vendió ilusiones, sino que, en sus corazones, sembró la esperanza; esa esperanza en Él, Dios que se mantiene fiel pues no puede desdecirse a sí mismo; les dio esa esperanza que no defrauda”.

José y María vieron crecer a la esperanza de la humanidad, a Jesús, el Salvador del Mundo. Vieron como su hijo, cien por ciento hombre y Dios, según expresan los teólogos, se desarrollaba como todo niño judío con sus valores, costumbres y tradiciones hebreas. Luego lo vieron como adolescente y joven que acumulaba conocimiento. Al final de sus días, como hombre y Dios cumpliendo con un plan trazado miles de años atrás.

Ahora bien, desde el punto de vista de la fe, ese Jesús habitó entre nosotros; vio y escuchó el dolor y el sufrimiento de su pueblo, el flagelo de sus opresores, el yugo de los religiosos; el desprecio de sus enemigos y la necesidad de miles de hombres y mujeres que vivían sin esperanza.

Ese es, según los textos bíblicos, el origen de la navidad, del latín nacimiento. Es la llegada del niño Jesús, de la esperanza y de la fe misma que ha perdurado por más de dos mil años. Ese niño que desde su nacimiento inspiró a pastores de ovejas, pero también incomodó a Césares, ese niño precisamente, debe ser el centro de las fiestas navideñas. No es el comercio, ni los regalos; mucho menos las fiestas paganas donde el licor, el sexo y las contiendas prevalecen para dejar como resultado dolor, tristeza y malos recuerdos.

Hoy más que nunca debemos rescatar el valor y significado de la Natividad; porque es una época donde el hombre y la mujer puede recobrar su esperanza, donde el niño regala más sonrisas, donde los seres humanos soñamos con una vida mejor, en paz, en armonía y en solidaridad.

En El Salvador necesitamos hacer renacer la esperanza en esta navidad; sobre todo, porque vivimos los momentos más duros, en la cual la violencia, el odio, el resentimiento y la deslealtad, están a la orden del día, dejando como saldo muerte, destrucción y dolor.

Volver a las raíces de la navidad es una opción para nuestra sociedad. Si esa fuese la elección, veremos en cada niño salvadoreño a Jesús, la esperanza de la humanidad. Veamos en cada niño, en sus rostros y en sus ojos inocentes, el futuro de este país. Cada niño y cada niña de El Salvador es nuestra esperanza, son los que pueden abrazar los valores de unidad, alegría, esperanza, amor y paz para tener un país menos violento y más armonioso con la naturaleza y con los seres humanos.

Como muy bien lo explica el historiador burgalés, Francisco José Gómez: “el riquísimo poso de cultura y arte que han generado en tantos campos, y los valores profundamente humanos que conllevan los hechos que se narran, sumados a la espiritualidad ya citada, han dado como resultado unas tradiciones y ceremonias que celebradas con sentido adecuado elevando al hombre sobre su propia condición, extrayendo de él lo mejor de sí mismo”.

Encender las luces de un árbol navideño debe hacernos ver que hay esperanza en nuestra sociedad, en cada niño o niña que está cerca de nosotros. Son nuestras luces y nuestra razón de ser. La navidad es más que una cultura de consumo, de pirotécnicos o de fiestas. Es el nacimiento de la esperanza en nuestros corazones de un mundo mejor.

Para los cristianos Jesús nació para redimir a la humanidad, para darles un mundo diferente, para sentar su fe en el amor y la esperanza. En palabras del Papa Francisco, la esperanza de los cristianos “se consolida y nos lanza hacia adelante, hacia el momento del reencuentro definitivo. Así se manifiesta el “espíritu navideño”: promesa que genera esperanza, se consolida en Jesús y se proyecta, también en esperanza, hacia la segunda venida del Mesías”.

Feliz Navidad y felices pascuas desde esta casa de estudios, que busca armonía y prosperidad en el hacer humano, y que deseamos un mundo mejor para nuestros hijos y nietos y por ende a El Salvador y al mundo.

 

 

 

San Salvador, El Salvador, diciembre 2016.

     

One Response to Hagamos renacer la esperanza de la Navidad

  1. Iván Gómez dice:

    Estimado Dr. Rivas,
    Quiero decirle que, estoy totalmente de acuerdo con usted, cuando se refiere a que hemos perdido el verdadero sentido de la Navidad, tomando en cuenta todo lo que ahora en día se ve. puntos como: dar inicio a la propaganda meses antes de diciembre, y las compras y ventas sin control, hacen desaparecer el verdadero sentido de la navidad.

    Que interesante áticulo.

    Saludos,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


3 + = doce