Sueños amarrados

Profesora Blanca Alicia Valle Gálvez

Marvin Edgardo es un alumno que comenzó con mucho entusiasmo a estudiar 8° grado en el Centro Escolar “Cantón San Martín”, de Monte San Juan, Cuscatlán, en el 2014.

De 16 años de edad, aproximadamente, en el año 2013 reprobó octavo grado debido a que presentó lento aprendizaje. Su padre es un agricultor despistado, ya que sus cultivos producen muy poco y no es suficiente para el consumo familiar de un año completo.

Su madre se dedica a los quehaceres del hogar y poca importancia le da al estudio de su hijo. Ninguno de los padres sabe leer ni escribir.

Marvin Edgardo vive en la zona rural que, por mala suerte, como sucede en todo El Salvador, actualmente el cantón donde él vive ha sido divido en dos zonas: un territorio dominado por la “mara salvatrucha” y la otra parte dominada como territorio de la “mara 18”, por lo que su casa quedó circunstancialmente en territorio del barrio 18 y el centro escolar quedó ubicado en el territorio que pertenece a la MS 13.

Esta nueva situación en su cantón dificulta que este joven pueda asistir a clases y hacer uso de un derecho que le corresponde y que la Constitución de la República contempla.

Durante el año 2014 se matriculó para estudiar 8° grado, asistiendo a clases los primeros cuatro meses. El día jueves 10 de abril, cuando él se dirigía al centro escolar para recibir sus clases, fue interceptado por ocho jóvenes que pertenecen a la pandilla MS 13, quienes le advirtieron que a partir de esa fecha y hora a todos los del sector de la calle aI río no los quieren ver que estén llegando a la escuela que queda en territorio MS, ya que ellos viven en territorio 18.

Esta es una advertencia, porque si no el tata y la mamá los van a ir a recoger en costales, situación que amedrentó emocionalmente a Marvin, por lo que decidió comentárselo a sus padres, quienes atemorizados por la advertencia fueron de inmediato a comunicarle a los profesores, comentario que no cayó en gracia a los educadores, ya que de forma directa genera gran temor debido a que las maras, por todos lados han escrito grafitis con la frase “ver oír y callar”, que debe considerarse como una amenaza fuerte por parte de estos grupos antisociales.

La profesora asesora de Marvin Edgardo de inmediato se puso de acuerdo con los demás profesores de tercer ciclo para ayudarlo, y acordaron dejarle guías de trabajo para que las resolviera en su casa y luego que las enviara a la escuela mientras se solucionaba la situación, pero el temor del adolescente y su familia fue tan grande que nunca volvió aparecer por la escuela.

Los padres del joven son humildes, sencillos, analfabetos y poco razonan sobre las situaciones adversas y creen que si los casos se dan es porque Dios así lo quiere. De igual forma, nunca manifestaron interés por denunciarlo ante las autoridades y mejor prefieren callar.

Lo cierto es que ellos no tienen sueños ni metas en el estudio y viven por la voluntad de Dios y no saben valorar la educación, por lo que nunca lucharon por superarse académicamente y menos lo hacen por el hijo, a pesar de que en estos tiempos el estudio es completamente gratuito.

Sin embargo, Marvin Edgardo en varias ocasiones comentaba a maestros, maestras y compañeros que él soñaba con sacar 9° y graduarse de traje que fuera de pantalón negro, chaleco negro y camisa celeste claro y, en el 2015, asistir al Instituto Nacional Walter Thilo Deininger, a estudiar bachillerato. Pero difícilmente, por el momento, pueda lograrlo, ya que no ha concretado su sueño de graduarse de 9° grado y es que el joven es humilde, con mucho temor a Dios, es de pocas palabras y de condición económica escaza, quizá por ello no pudo hablar con los jóvenes que le han truncado su sueño y mejor decidió abandonar sus estudios de tercer ciclo y mejor, de una manera sensata, decidió conservar la vida.

Situaciones de este tipo se dan en todo el territorio salvadoreño. Por el momento Marvin Edgardo se quedará sin su 9° grado y posiblemente un día lo logre, pero aún tiene vida para seguir soñando con un mundo mejor, suerte que no han corrido otros jóvenes salvadoreños, ya que estos descansan su paz sin haber concretado las metas y objetivos que un día se propusieron en vida.

     

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