Niñez perdida

Profesor Benjamín Nieto Vives
Cantón Las Lomas, Cuscatlán

Santos Benjamín Leiva Martínez es un niño que nació en la colonia San Juan, municipio de Suchitoto, departamento de Cuscatlán, con unos padres irresponsables.

“A la edad de seis meses se separaron mis padres, me quedé con mi papá; a él se le dificultaba cuidarme por su trabajo, me cuidaba en la noche y en el día la muchacha de servicio. Así pasé durante mucho tiempo, casi no recuerdo el tiempo exacto por ser un niño y esto lo sé porque me lo han dicho algunas personas que conocieron la vida de mis padres”, cuenta Santos.

 “Tenía la edad de dos años cuando mi papá venía, como de costumbre, de su trabajo y había pasado a distraerse y para olvidar a mi madre tomó un par de Pílsener, una y otra hasta ponerse muy ebrio y así caminó y la suerte no le ayudó, rato caminaba y se caía; en ese momento, cruzando la calle, lo arrastró un furgón aproximadamente kilómetro y medio, quedó medio moribundo y se lo llevaron al hospital. No resistió y murió. En el tiempo que pasó ese percance ya tenía yo seis años de edad.

“Me vine a vivir con unos familiares pobres en las cercanías del lago. Mis tíos me obligaron a vender pescado en lugares peligrosos y me amenazaban con no darme de comer si no vendía todo; llegaron a castigarme en muchas ocasiones y a dejarme fuera de casa por no terminar de vender todo lo que me habían encargado.” El miedo es notable en su forma de expresarse al relatar historias de su triste niñez.

Comenta que unos vecinos avisaron al ISNA (Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia), pero que fue reclamado por su madre. Al regresar con ella y con sus dos hermanos menores, el panorama no cambió para él, pues nuevamente sufrió de abuso psicológico y físico por parte de su padrastro, quien lo obligaba a trabajar para mantenerlo a él, a su madre y  sus hermanos.

Por el miedo a vivir solo en la calle y a dejar a sus dos hermanos obedece a lo que su padrastro dice. Buscó trabajo barriendo y lavando buses.

Como todo niño, Santos Benjamín anhela estudiar, superarse y cumplir sus sueños, los cuales se ven frustrados por tener que trabajar. Como pudo, se las ingenió para poder trabajar y poder ir a la escuela.

Lamentablemente la demanda de dinero y comida en su casa es grande, por lo que tuvo que abandonar la escuela. Con mucho dolor recuerda haber dejado a sus compañeritos y agradecido a su maestra por el apoyo que le dio, enseñándole a leer y a escribir.

Para Santos Benjamín no fue fácil su niñez, que se vio interrumpida por una serie de procesos por la irresponsabilidad de su madre, el abuso de su padrastro y, sobre todo, por la pobreza en la cual había nacido, pero que a pesar de ello no truncó sus sueños de ser un niño con valores y humildad.

Ahora cuenta con veintidós años y no olvida cada momento de su vida. Con lágrimas en sus ojos recuerda cómo pasó de la niñez a la adultez prematura, a ser el pilar de sostén de una familia de la cual él era un miembro más y no el responsable de ella. Al mismo tiempo, se alegra por la superación de sus dos hermanos, quienes gracias a él sí pueden estudiar, cumplir sus metas y sueños que él no pudo lograr.

Santos se siente orgulloso de trabajar duro día a día para ellos, para que puedan ser felices realizándose como profesionales y como hombres de bien en la sociedad. Después de eso piensa formar su familia, casarse y tener hijos, que dice, serán la mayor bendición y tesoro que tendrá en su vida.

A la familia de Santos Benjamín se le olvidó que los niños y las niñas tienen derechos que está obligada a cumplir y que están establecidos en La Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia, que los reconoce como individuos con personalidad jurídica y que además crea y ordena las políticas públicas y de la institucionalidad nacional y local para la protección integral de sus derechos.

Así mismo, establece la corresponsabilidad entre la familia, el Estado y la sociedad para la garantía del cumplimiento de todos los derechos de la infancia. Esta ley comprende 260 artículos y corrobora la educación universal para niños, niñas y adolescentes sin excepción, la atención médica oportuna en cualquier centro hospitalario de la red nacional del Seguro Social o del sector privado, en casos de emergencia, y se ocupa de la prevención y atención frente a cualquier tipo de violencia contra la infancia y la adolescencia.

La señora Miriam de Figueroa, representante de Unicef en El Salvador, considera que la aprobación unánime de esta ley refleja el compromiso del Estado de velar por los derechos de la infancia y la adolescencia y agregó que, en estos momentos, el desafío pendiente para todos los habitantes de El Salvador es el cumplimiento efectivo de dicha ley.

     

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