Las letras no dan de comer

Profesor José Nahúm Flores Alvarado

La educación es la única herramienta que sirve al humano en la actualidad para superar todos aquellos problemas que en la vida creemos que no tienen solución. La persona que es educada aprende a escuchar, a discutir, a hablar y criticar constructivamente.

Hoy es común escuchar que un niño, o un joven, exprese que no desea estudiar; pero es triste  aceptar semejante expresión, sabiendo que nuestro mundo cada día se está transformando y tecnologizando. Pero es más triste observar que padres de familia acepten dichas frases en lugar de motivar a niños y jóvenes a luchar para ser parte de las transformaciones de nuestra sociedad.

Cuando observamos la violencia que en estos tiempos vive nuestra nación, todos dicen que es la falta de educación y por eso caen todas las miradas en los docentes de nuestro centro escolar, olvidándose que la primera escuela es el hogar.

Debemos hacer conciencia en nuestros jóvenes y en los padres de familia de que los profesores y profesoras educamos para el desarrollo de nuestros muchachos y de que los padres de familia son los que deben de educar y corregir para que los niños y jóvenes puedan superarse en cuanto a convivio, respeto y responsabilidad.

Recuerdo que, allá por 1976, cuando mi padre me llegó a retirar del Centro Escolar “Isaac Ruz Araujo”, en Suchitoto, departamento de Cuscatlán, cuando el director era el señor Vásquez, éste le dijo que le explicara el por qué me retiraba  si yo era inteligente, responsable y respetuoso. Entonces mí amado padre le respondió: “Las letras nunca dan de comer”.

Ahora entiendo que esa fue la razón por la que me llevó a trabajar a San Salvador en el taller de fabricación y reparación de baterías para autos, a lo que el director le respondió: ¡Ja! Alfredo, si vos le das educación a este cipote, él te podrá sacar el pie del hoyo en donde tú puedas caer…

Mi padre no le respondió, solamente me dijo: “Vaya a traer sus cosas, mi hijo, que hoy mismo nos vamos a trabajar”.

Dos cosas me causaron tristeza ese día: La primera, me sentí decepcionado y muy triste porque mi deseo era estudiar y lograr el sueño que mi profesor Antonio García, de tercer grado, en la escuela Eugenia Cristina Bonilla, había despertado en mí: ser un profesor igual o mejor que él.

La segunda, separarme de mis compañeros y compañeras de aquellos días, especialmente de una amiga a quien consideraba más que una amiga, casi una hermosa hermana a quien agradezco que despertó en mí el espíritu de un poeta y escritor.

De los más de noventa poemas que escribí en aquel tiempo, solo me recuerdo de uno, al cual titulé Soledad; y para no dejarlos picados, se los voy a escribir:

SOLEDAD

Esta triste soledad

me hace recordar

los días de bondad

que pasamos al estudiar.

 

Juntos cual rosa y clavel

aquel amor que nos unía

y los besos de miel

hasta olvide mi ironía.

 

Esa época de amor

que pasamos tú y yo

luego vino el dolor

de separarnos los dos.

 

Esta triste soledad

nunca me hará olvidar

el amor ternura y bondad

que en vida me hizo soñar.

En el año 2000, el sueño de superación se me hizo realidad. Con esfuerzo y mucho sacrificio pude ganar la carrera de Profesorado en Educación Media para la  enseñanza de Estudios Sociales. Fue un momento de alegría y satisfacción jurar hipocráticamente servir de la mejor forma la educación a nuestra sociedad salvadoreña.

Dentro de mi experiencia como docente se dieron muchos logros y problemas. Recuerdo que mi eslogan era “trabajar con jóvenes y no con pequeños en básica”. Pero la realidad fue otra, pues mi primera experiencia como docente fue en preparatoria. Ahí pude entender algunas de las frases de algunos escritores y pedagogos relacionadas con el papel del educador en la sociedad.

“Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender” (Arturo Graf, poeta y escritor italiano).

“Decir la palabra verdadera es transformar el mundo” (Paulo Freire).

“Un sistema escolar que no tenga a los padres como cimiento es igual a una cubeta con un agujero en el fondo”, (Jesse Jackson).

“Mi pedagogía siempre se reducía a dos palabras: amor y provocación” (José Luis Sampedro).

Mi segundo año como docente fue en el Colegio Honorato de Balzac, en Soyapango, no como profesor de sociales, sino como profesor de matemática en tercer ciclo. Por primera vez en mi vida sentí ser “padre soltero”, pues dos alumnos de este colegio no me llamaban profesor sino “papi”.

Einstein nos decía sobre la educación las siguientes palabras: “Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.”

Es necesario hacer conciencia en los padres de familia y en la sociedad sobre la importancia que tienen estos dos elementos (la educación y la corrección) fundamentales en el desarrollo de nuestra juventud.

Para no cansarlo mucho, solo diré que llegue a Monte San Juan, departamento de Cuscatlán en el año 2005, siempre como profesor de matemática y sociales para tercer ciclo, pero en la mañana atendía el tercer grado y en la tarde el tercer ciclo.

Un día se dio el caso en el que un alumno, Marcelino Pineda, no llevó la tarea que hacía una semana le había dejado su profesor de tercer grado. El profesor le había dejado tres planas muy comunes: “Debo cumplir con mis tareas”, “Debo respetar a mis amigos” y “Debo poner atención en clases”.

El profesor lo llama y le dice:

—Marcelino, tráeme la tarea que te dejé ayer.

—No la hice profe.

—Pero, Marcelino, si te dije que tenías que traerla firmada por tu papá, ¿Y él que te dijo?

Marcelino contesta muy tranquilamente frente a sus compañeros:

—Ah, mi papá me dijo que “comiera mierda”.

El profesor lo llamó afuera del aula y le dijo:

—Marcelino, ¿así te dijo tu papá que me dijeras?

—Sí, profe, así me dijo él hoy en la mañana antes de venirme.

—¿Sabes, Marcelino? Me le decís a tu papá que yo me la comeré seca y que me ayude con la aguada.

¡Caramba, qué cambio el que se dio en la escuela! Marcelino superó sus notas bajas y el padre hasta lo saludaba en cualquier parte que se lo encontraba. Lastimosamente ya no quiso seguir estudiando su quinto grado.

En la actualidad nos preguntamos por qué hay tanta violencia en nuestro país, que por qué tantos “cipotes” se han metido en pandillas y hasta le echamos la culpa al gobierno o  a los docentes de las escuelas.

Si nos detenemos a razonar sobre esta problemática de nuestra nación, nos damos cuenta de que la mayoría de cipotes pertenecen a hogares irresponsables, otros a hogares bajo total responsabilidad de madres solteras que no saben ni echar una tortilla y, por falta de amor, por parte de la familia, deciden separarse de esta.

Creo que es tiempo de hablar con la mayoría de padres de familia, para que apoyen a sus hijos en el camino de la educación, pues en algunos casos es común oír frases como: “él ya no quiere venir a estudiar”, “es que, si no supera esas notas, lo voy a sacar de la escuela y que se vaya a trabajar”, “es que no le gusta hacer las tareas”.

Hagamos pensar y razonar a los señores padres de familia acerca de quién es el jefe en el hogar. Debemos madurar y saber guiar a nuestros jóvenes por el verdadero camino de la superación.

Ya es hora de que concienticemos a la familia para que sea parte del desarrollo educativo, sin olvidar nuestras bases fundamentales de historia, política, lo social y cultural, puesto que en la actualidad somos más consumidores que productores en todas las áreas de nuestro proceso de superación.

El respeto y la práctica de valores se han perdido. Muchas veces los alumnos y alumnas no escriben la clase porque se les acabó el cuaderno y el papá o la mamá no tienen dinero para comprarles otro; pero, eso sí, el celular nunca les hace falta y siempre tienen saldo para mensajear o hablar con los otros “majes” (palabra muy común entre los jóvenes).

Quizá sea cierto que las letras no alimentan, pero sí ayudan a razonar y transformar los caminos torcidos de nuestra sociedad.

Las letras embellecen nuestro entorno, enfrían juntas hasta el más caluroso temperamento; nos llenan de conocimiento para poder así defender o acusar las ideas con doble sentido. Las palabras llenan en nuestras vidas esos vacíos de conocimientos destrezas y aprendizajes.

Un  pequeño pero difícil problema en la educación es cuando los padres creen que la escuela es un centro de corrección. Debemos tomar en cuenta que la educación comienza en casa y, por lo tanto, son los padres quienes tienen que corregir a sus hijos en casa, pero lo real es que en algunos casos los padres de familia, en lugar de corregir, corrompen a sus hijos con frases en contra de los docentes cuando se les dejan tareas.

Los docentes estamos para educar académicamente a nuestros alumnos; de vez en cuando nos toca corregir en cuanto a lenguajes y conductas antisociales de los alumnos.

La familia es el pilar en el cual nuestros niños y jóvenes se apoyan ante cualquier circunstancia, por eso es la encargada y responsable de guiar a nuestros niños y jóvenes en el camino del respeto, la superación y la responsabilidad.

Las letras nos ayudan a comprender y a analizar los diferentes elementos que se desarrollan en el corazón de la sociedad. La familia y los docentes debemos de preparar a nuestros alumnos y alumnas en ese mismo camino de progreso y libertad.

Pero todavía hay docentes que defendemos, muchas veces, teorías ajenas a la verdadera realidad histórica de nuestro país, El Salvador; defendemos muchas veces teorías obsoletas y alejadas de nuestro contexto cultural.

Debemos enseñar a nuestros alumnos a escribir historia, a analizar problemas sociales, políticos, culturales y económicos de nuestro “pulgarcito de América”. Solamente de esta forma podremos transformar un poco nuestra sociedad, no defendiendo políticas particulares, sino populares en beneficio no de unos pocos o de toda nuestra nación. Si bien es algo cierto que el inglés es importante, recordemos que todavía podemos aprender también el náhuatl.

Sabemos que hay muchos héroes en el mundo, pero también en nuestro país existieron héroes antes y después de la colonización europea. ¿Cuál será el temor de hablar o escribir sobre Feliciano Ama, Anastasio Aquino, las mujeres que murieron por celebrar con anticipación la mal llamada independencia patria? Y lo más fresco ¿quién fue Miguel Mármol, Farabundo Martí, Napoleón Duarte y quienes fueron los asesinos de monseñor Romero y los Jesuitas? A veces me pregunto: ¿No hicieron historia estos personajes?

Benito Juárez nos regala un pensamiento en cuanto a la implementación de la educación cuando nos escribe: “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar… la educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.

La educación es el pilar en el que descansa el techo que nos protege del sol y de otros elementos que nos pueden destruir. Debemos de involucrar, en un cien por ciento, a nuestro pueblo para que sea parte de este proceso y para que se tome en cuenta que nuestros niños y jóvenes estudiantes necesitan apoyo, cariño, respeto y, lo más importante, reconocer su derecho a ser escuchados y a comprender sus ideas sobre cómo revolucionar  nuestra sociedad.

Debemos de darles la verdadera historia de nuestra sociedad, tanto del pasado como del presente; pero a veces nos da temor hablar con nuestros jóvenes educandos sobre la problemática de nuestro país desde el punto de vista de las ciencias sociales.

Cuando hablamos de historia de El Salvador y estudiamos a los héroes de nuestra patria nos privamos de aceptar a algunos verdaderos personajes por el simple hecho de ser “guerrilleros” o revolucionarios.

Creo que es tiempo de comenzar a hablar de historia con libros como: Cuentos de barro, El asco, Historias prohibidas de pulgarcito, Cuentos de cipotes, La última guinda, Monografía de El Salvador y muchos textos más.

Que sean nuestros jóvenes alumnos quienes nos den ideas de cómo podríamos transformar nuestra nación a través de experiencias pasadas escritas en textos como los anteriores. Las letras no alimentan, pero si nos ayudan a razonar y transformar la historia de nuestra verdadera sociedad.

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


ocho + 1 =