En imágenes de Luis Romero: La guerra que me marcó

Más que una exposición fotográfica es un testimonio gráfico del luto y dolor que dejó en miles de familias la guerra civil en El Salvador, evidenciadas desde el lente del fotoperiodista Luis Romero, conocido entre sus colegas como “La Muñeca”.

Mercedes Barahona
Fotos: Antonio Herrera
La Palabra Universitaria

Con su típico sentido del humor que le caracteriza, entre bromas de vivencias y recuerdos y con la serenidad que también es su virtud, el fotógrafo salvadoreño Luis Romero habla sobre su exposición fotográfica denominada Lo guerra que me marcó.

La “muñeca” como es conocido popularmente Romero entre sus colegas de profesión, ha puesto en exhibición en una galería montada en la casa de los fotógrafos o Photo Café, una serie de obras inéditas sobre el conflicto armado que dejó a su paso luto y dolor en los salvadoreños durante la década de 1980.

Hablar de Romero es descubrir mucho más que un profesional de las imágenes fotográficas, es desnudar la esencia y la vida de un ser sensible al dolor de los más vulnerables, a las desigualdades sociales que tanto daño hacen a las sociedades, a un crítico de la falta de tolerancia e irrespeto de los derechos humanos en todos los espacios y  niveles sociales, es dibujar los sentimientos de un ser humano ansioso de democracia en el amplio sentido de la palabra, con valores de justicia social y consenso real en la solución de los grandes problemas de país, valores encarnados en su ser como un legado de su madre, tal como lo expresa Romero con un profundo sentimiento y convicción.

romero2La muñeca, definido por sus colegas como uno de los mejores fotoperiodistas en el país, guarda en su haber muchas anécdotas y archivos de lo que se vivió durante el conflicto armado y que, en ese momento, eran de total censura en la prensa salvadoreña, lo que él define obedecía a la terquedad de los gobernantes de esos años, pero por ser corresponsal internacional tenía plena libertad en su trabajo y pudo rescatar parte de esas joyas para ser expuestas hoy en día como un testimonio para las presentes y futuras generaciones.

La Palabra Universitaria conversó con él para conocer sus impresiones sobre su archivo fotográfico de la guerra, que sale a la luz como un legado de su autoría y, en sus palabras, como un testimonio de lo que se vivió en la guerra y cómo la guerra lo marcó y siendo un aficionado profesional de la fotografía, estuvo en el momento justo para inmortalizarlo a través del lente de su cámara.

Al preguntarle cómo surge la idea de la exposición, explica que este proyecto surge por idea de Edgar Romero y su esposa, propietarios de Photo Café, quienes le incentivaron a mostrar las imágenes, especialmente del conflicto bélico que vivió el país, pues como de muchos es conocido, fue uno de los fotoperiodistas y corresponsal internacional de la Agencia AP, junto con dos amigos, durante la época del conflicto armado en El Salvador.

Agrega que para él es un privilegio y un gran orgullo que sus amigos y colegas se hayan tomado el trabajo de presentar la exposición, pues nunca imaginó que sucediera ya que es la primera vez que expone su trabajo fotográfico, sobre todo porque mucho de él se quemó en un incendio que destruyó todos sus archivos y que de las miles de imágenes que capturó, puede decir que solo un 5% se logró rescatar. En realidad son 30 de las 130 que se han logrado rescatar de los archivos de la AP, que hoy por hoy están siendo expuestas.

Al preguntarle qué significó para él tener nuevamente en sus manos esas joyas fotográficas que representan parte del dolor de la  historia que vivió el país, señala que fue difícil, como volver a vivir esas escenas, me dieron ganas de “chillar” o llorar dice con su lenguaje campechano y sencillo que le caracteriza.

Ver esas escenas nuevamente lo llevó a recordar las muchas veces que se vio entre las balas en los enfrentamientos y no se explica y no sabe cómo se salvó de las bombas o de las balas junto con sus amigos.

romero3El interés por las cámaras, mencionó, surge por el año 1978, siendo muy joven ya le gustaba tomar fotografías y hacia fotos de todo, pero no fotos comunes, además estudiaba en la Universidad Nacional en la facultad de derecho y después de clases se iba para la oficina de su madre ubicada en el centro.

En esa época se iniciaba la coyuntura del conflicto y a diario se daban manifestaciones y él, con su espíritu inquieto y curioso, le gustaba ir a ver de cerca dichas marchas. “Me gustaba la acción”, dice entre risas de forma enfática. “Cuando se ponía feo, salía corriendo”.

Desde su interior había un interés de andar allí, de conocer de cerca los hechos, él no era de esos muchachos pasivos, sino que le disfrutaba la adrenalina de esos eventos y al ver a unos “gringos” acompañando las marchas se decía: “Algún día voy a andar como ellos, haciendo fotos”. Tanto era su interés por lo que se estaba gestando en el país que hasta se compró un radio de onda corta para oír las noticias internacionales.

Luego descubrió que el periodismo era lo suyo y no la jurisprudencia. Eso lo llevo a estudiar el técnico en periodismo en la Universidad José Matías Delgado, simultáneamente y con esto en mente fue a pedir trabajo en el CoLatino y, por años, les vendió sus fotos. Comenta le daban tres colones por foto -dice entre risas- pero lo que le emocionaba era ver sus fotografías publicadas en el periódico.

Ya por el año 77 andaba tomando fotos para The Asociated Press o Prensa Asociada (AP), cuyas oficinas estaban en México y Estados Unidos. Trabajó para ellos oficialmente desde más o menos el año ochenta y uno al 92.

Para Romero esto era muy importante, pues en esa época los periódicos locales no publicaban nada de lo que pasaba, las comunicaciones eran escasas, pocos tenían acceso a las noticias y los gobernantes de esos años censuraban toda información que mostrara la realidad, tanto que una vez recuerda que las fuerzas populares asesinaron a un asesor del ejército norteamericano y ellos lo publicaron; luego de una serie de publicaciones para aclarar los hechos entre los bandos en conflicto, eso le ganó la censura de un militar al decirles que eran vende patria y que no tenía que publicar nada de la guerra y que lo tenían prohibido como agencia.

Ante ello la AP se llevó a su corresponsal del país y quedó él como responsable de documentar el conflicto.

Fueron días difíciles, explica, pues eso ponía en evidencia su trabajo y en peligro a su familia, tanto que se llevó todo lo que tenía para la oficina que estaba ubicada por el monumento a El Salvador del Mundo, donde también en ese entonces estaban las oficinas de la Organización de Estados Americanos (OEA).

 

Lo que marcó a su familia

En septiembre de mil novecientos ochenta y uno un evento marcó para siempre a su familia, su hermana menor Teresa, desaparece en  manos  de los escuadrones de la muerte, un grupo élite del ejército; esto le da más razón para seguir en su labor, pues esto le permitió buscar, sin respuesta, a su hermana en diferentes lugares entre los cadáveres o en los botaderos, como así le llamaban a los espacios donde realizaban las matanzas, especialmente el ejército.

Estas escenas fueron muy crudas, dice al recordar las imágenes, pues en muchos lugares encontraban cuerpos sin cabezas, despedazados, familiares buscando a sus esposos, hijos e hijas y hasta zopilotes comiéndoselos.

Pensar que su hermana podría estar entre ellos, era su esperanza al menos para recuperar el cuerpo, pero nunca la encontraron… dice con voz ligeramente ahogada. Eso le permitió vivir como periodista, buscar no solo fotografías de cadáveres de otros, sino de su propia hermana, de su propia sangre.

Se pregunta para qué tanto dolor, por qué tanta sangre y muerte y, para nada, dice como alguien que lee la realidad de forma crítica y sin prejuicios.

Con la exposición de sus fotos vuelve a vivir lo que vivió en esos años, que sentía que él era como los ojos del mundo, pues con su trabajo, todos en el exterior se daban cuenta del conflicto que en ese momento se estaba librando en el país y lo serio que era y que los periódicos locales muy poco lo informaban.

De igual forma, la exposición es un testimonio para las presentes generaciones de lo que puede llegar a provocar la intolerancia y la falta de democracia en un país, al decir esto, refuerza su tesis de lo que sucedió con la ofensiva de 1989, donde los que vivían en la capital hasta que vieron a la guerrilla peleando se dieron cuenta de las implicaciones de eso y, a nivel internacional, que aquí no era broma lo que se decía y todo porque había toda una campaña de desinformación de los gobiernos de turno en los diferentes medios, como la radio y la televisión, restricciones que no aplicaban para ellos como prensa extranjera, lo que representó un verdadero reto.

romero4Con todas esas vivencias los periodistas de esa época fueron afectados de una u otra manera, pues en ningún momento es fácil ver cuadros grotescos sin que, como personas, sean de alguna manera afectados psicológicamente.

En lo personal eso llevó a Romero a niveles de estrés post traumas muy serios. Comentó que pasó con cuadros de depresión muy críticos, ansiedad y pánico, tanto que no podía salir solo pues sentía que lo perseguían y ni al centro de la capital se atrevía a hacerlo sin ir con alguien, lo hacía en taxi, hasta que buscó ayuda psicológica. Cuenta que él mismo se daba terapia diciéndose ¡Mira Luis, si no trabajas no vas a comer! Y por fin pudo salir de esa situación desesperada, dice hoy entre risas.

“La verdad que uno andando en eso se cree Superman −ríe a carcajadas− piensa que las balas no lo van a atravesar”, confiesa. A veces se puede deshumanizar, aunque no totalmente, agrega. Pero esa perspectiva le cambia a uno cuando ya tiene familia.

Al indagar sobre qué piensa sobre los factores que dieron origen a la guerra que él registró y evaluar las condiciones actuales respira y dice con la fuerza que le da la experiencia y convicción “tanta muerte que hubo y todo por la testarudez mental de ambos grupos y hoy esa testarudez sigue; siguen las injusticias de los dos lados.

Pone como ejemplo de esa falta de justicia real el tema del salario mínimo y agrega que  quieren aumentar once centavos de dólar, eso es una burla, siempre hay pobreza y más ricos, “no digo que ser millonario es malo o no, lo malo está en que esa riqueza no se comparte”.

Volviendo a la exposición, Romero indica que las imágenes de La guerra que me marcó son para él un testimonio viviente de ese dolor y muerte de muchos inocentes, especialmente civiles. Las imágenes en blanco y negro reflejan en ellas sentimientos encontrados, de hasta tres generaciones, cuadros grotescos que escapan a la imaginación y que son prueba innegable de la crueldad de una guerra producto del atropello directo a los derechos humanos fundamentales a los que pueden ser sometidos los pueblos y comunidades cuando el poder se ejerce sin control ni democracia.

Con la presentación fotográfica la “muñeca”, hoy coordinador del equipo de fotógrafos oficiales de casa presidencial, quiere dejar un mensaje a El Salvador y al mundo de lo cruel que fue esa página en la historia salvadoreña y de lo que hace la intransigencia y testarudez mental en los humanos y gobiernos. “Que sirva de testimonio para que nunca más se vuelva a repetir”, sentencia.

     

2 Responses to En imágenes de Luis Romero: La guerra que me marcó

  1. Patry dice:

    Retomar imágenes del conflicto y sumergir al pasado hechos y acciones que nunca olvidaran pasadas y nuevas generaciones, por cuanto dolor y tristeza los recuerdos empapa de lágrimas tanto dolor…nada mas queda decir excelente Articulo y sobre todo desempeño de quien lo llevó a convertirlo, en palabras vivientes de un gran personaje de el Salvador-
    Muchas felicidades Mercedes Barahona…

    • Mercedes Barahona dice:

      Muchas gracias por su comentario Patry,hay tantas historias que escribir t de grandes como de humildes salvadoreños, pero con vivencias únicas que hacen de ellos ejemplos de imitar.

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