Despertar de la conciencia ecológica para la vida

Licda: Morena Guadalupe Magaña de Hernández.
Docente: Departamento de Castellano
Universidad Tecnológica de El Salvador

 

“Yo deseo llevar a cabo la fraternidad o identidad no sólo con los seres llamados humanos, sino que quiero llevar a cabo la identidad con toda la vida, incluso con lo que se arrastra sobre la tierra. Compasivo, si a la vez no practicamos la compasión elemental hacia nuestras criaturas prójimas.”
                                                                                                Mahatma Gandhi

 

El Día Mundial del Medio Ambiente es una de las principales vías de sensibilización que Naciones Unidas utiliza para fomentar la conciencia ecológica mundial sobre el medio ambiente, y para promover atención y acciones políticas concretas respecto a su cuido y preservación

Hoy más que nunca nos urge ver la cara humana a los temas ambientales, para motivarnos a que nos convirtamos en verdaderos agentes activos del desarrollo sostenible, justo y equitativo.

Hoy la Tierra nos llama a que nos conformemos como comunidades solidarias, con cambios concretos de actitudes hacia temas ambientales, y fomentemos desde nuestros eco-espacios la cooperación que garantizará que todas las naciones y personas podamos construir un futuro menos desigual y seguro, para la vida, la nuestra y la del planeta con todos los seres que habitamos y coexistimos en él.

¿Qué es la conciencia?

De niña, pensaba que la conciencia era una especie de depósito donde se guardaban las buenas y malas intenciones, esto es al menos lo que deducía de lo que  escuchaba que decían mis mayores, dicho depósito, tenía dientes que en cualquier momento podían morderme.

A veces me preocupaba cuando escuchaba frases como ¡No tienes conciencia! que venía a significar que no tenía ideas buena, sólo malas, otras veces creía que ese depósito debía de ser muy pequeño o estar casi vacío porque yo tenía ¡poca conciencia!

Esa niña fue creciendo y ya podía identificar, por lo menos, los mordiscos del dichoso depósito cada vez que creía haber hecho algo malo, sentía los mordiscos sobre la boca del estómago y los pensamientos se cruzaban por mi mente y, no sólo por mi mente, sino por todo mi ser; eran incontables e invariables esos pensamientos y sentires. ¡Eres mala! ¡Eres culpable! ¡Mereces un castigo! ¡El mayor y el peor! ¡Vas a ver cuando se entere tu…! ciertamente era lo que iba oyendo de mis mayores desde pequeña. Así pues, la asociación de ideas era inevitable; el depósito estaba en el estómago y me mordía cada vez que era culpable de algo.

No fue de extrañar que a los 16 años se me diagnosticara una úlcera duodenal severa, pues de tanto morder y remorder terminó por hacerme un agujero. Aquella niña necesitó pasar de sus tantos años, para acertar, saber y reconocer que la conciencia es otra cosa.

Vamos aprendiendo las palabras a lo largo de nuestras vidas, asociadas a un concepto determinado que generalmente heredamos de nuestro entorno cultural, social, familiar, ecológico. Rara vez nos detenemos a pensar y a estudiar sobre su auténtico significado, este es el motivo por el que muchas veces no nos entendemos a pesar de hablar el mismo idioma, la misma lengua el mismo lenguaje.

Personalmente, consulto con frecuencia a distintos autores y autoras, diccionarios, enciclopedias, etc., y aprendo mucho buscando la etimología de las palabras y, desde ahí, su significado y su aplicación en mi práctica cotidiana en los diferentes entornos en los que me desarrollo.

A la hora de escribir, trato de asegurarme de no estar errada en mis afirmaciones y consulto la documentación de la que dispongo. Es exactamente lo que acabo de hacer mientras escribo este artículo y me he llevado una tremenda sorpresa. No voy a decir en qué página, pero transcribo a continuación lo que he leído.

La palabra “conciencia” nos viene del latín “conscientia,” que significa estar consciente de culpa, esta palabra está derivada de com (culpa) y sciere (saber).

No digo la página, pero si te interesa  visitarla, basta con que escribas en el buscador “etimología de la palabra conciencia” y te aparecerá.

La niña que fui, estaba en lo cierto en cuanto a la culpa se refiere. Esto es una prueba más que nos deja ver claro hasta qué punto nos influye el entorno ecológico, cultural y social en el que hemos crecido.

Aunque el latín no es precisamente mi fuerte, trataré de deshacer el equívoco. Es cierto que la palabra latina para consciencia es conscientia, ae y que el verbo saber  es scio, is, ire. Pero no sé de dónde se saca el com y le atribuye el significado de (culpa).

La palabra culpa, no ha variado del latín al castellano, en latín es culpa, ae. El verbo como, is, ere, significa adornar o peinar, así que la raíz com, no encaja en la palabra consciencia, sin embargo sí lo hace la preposición cum que es la preposición en castellano.

Veamos pues lo que dice el diccionario sobre consciencia o conciencia:

Conciencia f. Conocimiento intuitivo o reflexivo que el sujeto humano  tiene de su existencia, de sus estados y de sus actos y del medio que le rodea. Conocimiento o sentimiento íntimo del valor moral de las acciones humanas.

Conocimiento “Intuitivo” o “Reflexivo”, es decir, la capacidad humana de darse cuenta, hablando en nuestro idioma cotidiano.

La primera definición es la auténticamente nuestra, la individual, el conocimiento de nuestra existencia, estados, actos y medio. La segunda corresponde a la conciencia social, puesto que la moralidad la dicta la sociedad en la que vivimos, es por lo tanto prestada o adquirida.

Así pues, tenemos una conciencia individual y otra social, ambas son necesarias y complementarias, pero todo tiene su orden y no conviene perder de vista que la que manda, la que de verdad te ha de importar es la tuya, la individual.

En contra de lo que la sociedad se ha empeñado y continúa haciéndolo, no es la sociedad la que transforma al individuo, sino el individuo el que hace evolucionar a la sociedad. Ciertamente que el vivir en colectivo hace crecer al hombre y a la mujer, pero no debido a las normas morales y convencionales de dicho colectivo, sino a la experiencia que comportan el hecho de convivir, existir y coexistir.

El despertar de la conciencia es pues, comenzar a darnos cuenta de lo cierto de cuanto acabo de decir y ser coherentes con ello.

Hoy más que nunca nos urge ver la cara humana a los temas ambientales, para motivarnos a que nos convirtamos en verdaderos agentes activos del desarrollo sostenible, justo y equitativo.

Hoy la Tierra nos llama a que nos conformemos en comunidades solidarias, que nos religuemos y que generemos cambios de actitudes, los concretos y necesarios que nos permitan ahondar en temas ambientales, y fomentemos desde nuestros eco-espacios, la cooperación, que garantizará que todas las naciones y personas podamos construir un futuro menos desigual y seguro, para la vida, la nuestra y la del planeta con todos los seres humanos y no humanos que habitamos y coexistimos en él.

     

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