Mantenerse en la lucha sindical se hizo una necesidad de supervivencia

Con un variado tono entre lo mesurado y lo enérgico que se ajusta al tema de conversación, Julio César Portillo se convierte en una voz autorizada para recordar vivencias de la lucha sindical en El Salvador.

Josué Navarrete – Wilber Góchez
Wilber.corpeno@mail.utec.edu.sv
La Palabra Universitaria

 

Con un tono agradable, dinámico, amable y muy entregado a su trabajo y su filosofía social, el profesor Julio César Portillo hace un completo análisis sobre la importancia y aporte que pueden dejar las distintas luchas colectivas, que emergen de la misma sociedad que se logra organizar.

Al crecer dentro de una comunidad indígena con mucha pobreza y que con frecuencia era asediada por la Policía de Hacienda, con el objetivo de reprimir a la población, además de contar con una madre activa en esos procesos de lucha para evitar todo tipo de represión, nace su interés en incorporarse al sindicalismo en febrero de 1968 siendo, aún, estudiante de profesorado de la Escuela Normal.

“En mi familia no había una tradición política o sindical, creo que todo lo que aprendí y vi en todo ese tiempo me hizo un juicio proclive a las luchas sociales”, afirmó el profesor ante los micrófonos de La Palabra Universitaria.

Después de haber sido parte del magisterio durante los setentas, se incorporó a la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños (ANDES 21 de Junio), como secretario de organización, en el período de 1982 a 1984 y como secretario general de 1984 a 1986.

También formó parte de la Unidad Nacional de Trabajadores Salvadoreños (UNTS) ya en el plano de dirigentes principales, acompañado por Febe Velásquez y el ya fallecido Humberto Centeno.

A pesar de haber tenido que desenvolverse en medio de la guerra civil, Portillo recuerda que “luchar en ese entonces era un altísimo riesgo”. Muestra de ello, indicó, que durante ese tiempo fallecieron alrededor de 400 maestros por ser parte de la lucha sindical, además de algunos familiares suyos.

La importancia del sindicalismo en esa época fue mucha para el otrora dirigente, aunque también reconoce que los movía la conciencia social. “Mucha gente cree que nosotros hicimos ese trabajo porque éramos hombres y mujeres extraordinarios. Nunca fuimos extraordinarios, lo que tuvimos siempre fue una altísima conciencia de esa lucha”, dijo.

Considera que no hay un punto de comparación claro entre la lucha sindical de la época ochentera con la actual, aunque comenta que algo que nunca han aceptado las cúpulas empresariales es la sindicalización.

La satisfacción de este ingeniero civil, que además es graduado de la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), está en que su participación permitió cambios sustanciales en las condiciones laborales.

 

juliocesarUn antes y un después

Como parte de la dinámica conflictiva en la que estaba envuelta la sociedad salvadoreña, Portillo manifiesta que la organización en ese tiempo era vital, dado que si bien, “lo que se lograba no era mucho, pero si no estábamos organizados pudo ser mucho peor. Organizarse y mantenerse en la lucha se hizo una necesidad de supervivencia. Lo más valioso que conseguimos fue sobrevivir”, enfatizó.

La intención de defender causas sociales no ha decaído en Julio César, dado que desde enero se incorporó a una nueva iniciativa al ser nombrado coordinador de los veteranos de guerra del FMLN, en San Salvador, donde buscará gestar “una lucha inteligente y certera” para buscar la implementación de una ley especial para los veteranos de dicho partido político, porque considera que han sido relegados en los beneficios que algunos altos mandos del partido oficialista han tenido, según su opinión.

Considera que en la actualidad se deben de procurar las instancias necesarias para que los sindicatos sean bien organizados y que posean una autonomía de pensamiento. Piensa que en algunos casos actuales las gremiales se han colocado con una ideología más partidaria que sindical.

“Mientras no entiendan que el interés de la organización sindical es el interés de sus asociados, vamos a tener sindicatos enclenques, minusválidos, incapaces de generar una plataforma reivindicativa objetiva”, expresó.

Por otro lado, él se siente complacido por la próxima beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, al decir que “la derecha histórica de este país ha tenido un serio golpe con el reconocimiento de la beatificación. Él sembraba la esperanza con un poquito de fe que tuviera uno. Siempre ha estado al lado nuestro y va a seguir estándolo”.

Sin ser parte activa de los sindicatos del magisterio, este incansable luchador por las causas sociales en el país es contundente en expresar que esta lucha no ha terminado. “Las nuevas generaciones tienen que entender que nada de lo poquito que se ha conseguido ha sido gratis, ha habido una gran cuota de sangre”, puntualizó.

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