Rubén Fernández: un marista entregado al servicio y a la oración 

Una vida de entrega al servicio en favor de los demás ha forjado el perfil del modelo por excelencia del buen samaritano en Rubén Ramo Fernández, un teólogo de formación que ahora en etapa de retiro abre las puertas de su hogar para rememorar anécdotas que guarda en un lugar especial de su memoria.  

Nataly Esmeralda Ortiz 
Estudiante de comunicaciones 
La Palabra Universitaria  

Más de 60 años marcan la trayectoria de servicio en la vida marista del hermano Rubén Ramo Fernández, originario de Palencia, España, pero que por medio de su vocación samaritana ha desarrollado una trayectoria interminable en América, en países como Cuba y El Salvador. 

Fernández, quien es un teólogo de profesión, abrió las puertas de su casa que comparte con otros hermanos religiosos, para repasar algunas anécdotas que guarda en el lugar más especial de su memoria, especialmente aquellas que tienen relación con su infancia y su estilo de vida de aquellos mozos años.   

A sus 79 años, el abnegado religioso humedece sus ojos azules cuando recuerda sus años de niñez en Latandilla, un pueblo que pertenece a la ciudad y municipio español de Palencia, ciudad de la comunidad autónoma de Castilla y León, en el que, según dijo, solo existen 44 religiosos entregados al servicio por los demás.  

“Somos cuatro hermanos y yo soy el mayor, luego Áureo, seguido de Efraín, que también es hermano Marista, y luego esta mi otro hermano Maribisi”.  

Recordó que sus padres le contaron la anécdota que su nacimiento, que fue en el año de 1941, se dio en tiempos en que ya agonizaba la guerra española, por lo que su padre estaba prestando servicio militar y a su regreso a casa se encontró con la grata sorpresa de que había nacido su primogénito. Yo era el Rubén de la casa”, dice entre risas.  

Apuntó que desde sus primeros años sus padres siempre le inculcaron valores como el amor a las personas, el respeto, la solidaridad, entre otros. “Ese amor era afectivo y efectivo en esos tiempos de carestía, la aceptación a las personas, el saludar a sus abuelos con un beso en la mano, la religiosidad, la comunicación, la empatía y así una serie de valores y virtudes”, acotó durante aquella amena reunión.  

Contó que en 1914 su abuelo materno estableció una empresa de licores y como recuerdo de ello aún conserva un envase de aquella bebida embriagante, que lo acompaña a todos los lugares a donde asiste. 

Su vida religiosa comienza desde su infancia, en el colegio donde estudiaba los maestros eran hermanos maristas y les daban formación personal y religiosa, por lo que, en el año de 1957 junto a otros compañeros, fueron enviados a Pontós en Gerona, donde comienza su preparación para descubrir su vocación, realizando el postulantado y el noviciado.  

Apunta que esa decisión marcó la vida de todos los compañeros, pues la vocación y el espíritu de servicio les llevó a seguir un peregrinaje por diversos países, escenario que para muchos padres resultó difícil de concebir, pues pedían que sus hijos se quedarán en aquella ciudad española de Gerona.  

Para Rubén y su familia no fue muy difícil asimilar su salida de la madre patria, pues tenía la ventaja de tener raíces familiares en América, por lo que su primera parada de su largo peregrinaje por la región fue en Cuba.  

Después de tantos años de servicio y entrega a la oración, el hermano marista disfruta su vida con otros hermanos religiosos en su casa ubicada entre vegetación y buen clima que ofrecen las montañas de Talnique, en la Libertad, donde guarda consigo y con mucho apego un collage de fotografías de los 44 hermanos religiosos de su pueblo. 

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