El alma del Centro Histórico de San Salvador describe Julio Martínez en conferencia

El pasado 23 de octubre del 2020 la Secretaria de Cultura de San Salvador dio inicio a “Memorias del Centro Histórico” con Julio Martínez, sociólogo de la UTEC,  para recordar cómo empezó a latir el corazón de la capital y lo que este representa hasta la fecha. 

Julio Martínez, académico salvadoreño, expresó que “San Salvador es como el alma nuestra, los que vivimos en esta ciudad desde hace mucho tiempo la consideramos como parte de nosotros mismos, como parte de la piel de uno mismo”. Esta frase fue el preludio de un hermoso relato sobre la historia del gran San Salvador. 

La historia es más que el antecedente del ayer, es la mirada melancólica, es el suave y amoroso roce a los matices del pasado, así lo hizo sentir Martínez cuando dijo “quienes hemos vivido  en el centro de la ciudad ha representado un espacio donde se puede caminar tranquilamente, se puede visitar los lugares que representan nuestra identidad y esto es algo que no se puede lograr cuando uno vive en una colonia o barrio lejos de la capital, vivir en el centro de la ciudad es una cosa maravillosa”. 

Continuó narrando acerca del Banco Hipotecario el cual estaba en el lugar que ahora es la Biblioteca Nacional, donde se realizaron diversas actividades. “El Banco Hipotecario fue el primer lugar en tener las primeras escaleras eléctricas en el país, porque no habían”, acotó el citadino sociólogo. 

“Uno de los centros comerciales más importantes en la década de los 70 era la Casa Rivas, cualquier música que uno quería comprar la encontraba en este lugar, tenía todos los discos posibles que llegaban a El Salvador”, comentó con alegría. 

En la esquina sur poniente del Centro Histórico se encontraba el famoso Casino Salvadoreño que era uno de los lugares más visitados por los habitantes. “Fue uno de los centros de entretenimiento más disfrutados por la elite salvadoreña”, dijo. 

Por otra parte, se encuentra la Plaza Morazán en la que se presenta a un caudillo como lo era General Francisco Morazán. “Tenemos por primera vez un reloj de campanas, que ya no se escucha, era el reloj del Banco Salvadoreño, además en nuestro eterno Teatro Nacional, con 104 años de antigüedad; en la otra esquina ahora hay un banco, pero eso en realidad fue el bar Montes, que además era visitado por Roque Dalton García”, resaltó. 

Al mismo tiempo, Martínez siguió recorriendo aquellas épocas e hizo una parada en la plaza Libertad, la cual denominó “nuestra cuna y nuestro origen”. Luego dio una vista a la iglesia El Rosario, la cual dijo que fue la primera iglesia catedral del país y, adonde ahora es un parqueo, fue el primer arzobispado de San Salvador. 

Desde ahí dio un salto hasta el cine Popular y, sobre este lugar, dijo que funcionó hasta 1965 y fue tomado en cuenta para una investigación arqueológica hace algunos años, en la actualidad es el cine Libertad. 

“Les quiero contar que en este cine la mayor parte de los artistas mexicanos venían a presentar sus funciones y espectáculos, al igual que lo hacían en el cine llamado Principal”. Además, mencionó que el cine Principal contó con la presencia de Pedro Infante, Cantinflas y algunos luchadores. 

“San Salvador era un San Salvador maravilloso, yo creo que lo sigue siendo, creo que la vejez de la ciudad no le quita esta maravilla arquitectónica que tiene”, comparó Martínez al referirse a la ciudad que hoy día vemos, e invitó a admirar los edificios y su estilo, especialmente en la cuarta avenida, desde la plaza Libertad hasta el parqueo del Banco Salvadoreño. 

El arte arquitectónico se puede observar en las afueras de los edificios del centro histórico y de igual forma se puede contemplar en el Palacio Nacional, que según el sociólogo es uno de los más bonitos a nivel de Centroamérica. 

  “Estas son las bellezas del San Salvador que tenemos, una calle Delgado que enlaza con la calle Arce; una calle Delgado que todavía representa mucho de las actividades que se realizaban en los años setenta”, mencionó Martínez, quien a su vez recordó los instantes aquellos de cuando tomaba soda en la tienda de los “Charlet” y, con un suspiro, finalmente recordó a “Sorbelandia”, un lugar grabado en su corazón que visitaba con su papá para comprar unas “vacas-negras” (sorbete con coca cola). 

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