Joel Hernández: piloto por vocación y teleoperador de profesión 

Polifacético, es uno de los calificativos que se le puede dar a Joel, quien combina su pasión por la aviación con actividades diversas que constantemente muestra con desenfrenada pasión, una de ellas es armar los cubos de Rubik. 

Daniel Echegoyén 
Estudiante de comunicaciones 
La Palabra Universitaria  

La versatilidad es una de las cualidades especiales que pocas personas muestran, tomando en cuenta que esto se refiere exclusivamente a aquellos seres humanos que tienen la capacidad de mostrar o desarrollar diversas aptitudes o condiciones, por lo que los afortunados en poder desarrollar esa habilidad lo pueden manifestar desde sus años de juventud.  

Ese es precisamente el calificativo que con toda justificación se puede dar a Joel Hernández, un joven salvadoreño soñador, apasionado por sus ideales. Entre otras muchas cosas más que se pueden destacar, es una persona que cree en sí mismo, lo que le ha valido hasta el momento para convertirse en uno de los contados pilotos aviadores que hay en El Salvador.  

Desde que terminó sus estudios de bachillerato general, Joel se ha capacitado para sobrevivir la adversidad y superar la carrera que le apasiona y cumplir con sus sueños, teniendo talentos increíbles y mucha motivación que no ha detenido a pesar de las dificultades que en el camino ha debido sortear 

Joel menciona que fue en el parque infantil donde solía subirse a unos juegos mecánicos de aviones, donde jugaba largas horas con sus hermanos, en muchas ocasiones, hasta que el parque cerraba o hasta que sus padres lo llamaban para irse de vuelta a casa.  

Fue precisamente ahí donde descubrió su aspiración y sueño de ser un piloto de aviones, sueño que ha perseguido hasta lograr alcanzarlo por medio de estudios especializados, que ha desarrollado en diversos centros de formación en el país.  

“Recuerdo una vez, cuando estaba cursando tercer grado, que me senté con mi mamá en el sillón y ella me preguntó qué quería hacer cuando fuera grande, yo le respondí que quería ser piloto, ella trató de hacerme cambiar de opinión ya que no somos una familia que podamos costear la carrera, pero yo insistí que quería ser piloto. Ella siempre me recuerda esa anécdota, pues le he demostrado que no me imagino haciendo otra cosa”, recordó. 

Al terminar mis estudios de bachillerato, gracias a los video juegos, música y otros estudios logré aprender inglés, lo que me permitió trabajar en un centro de atención telefónica y empezar a tener estabilidad económica”, apuntó el polifacético salvadoreño. 

Al mismo tiempo afirmó que esa clase de trabajo es una buena opción para alguien que pueda hablar inglés, ya que la paga no es mala, pero también agregó que “un centro de atención telefónica es algo temporal cuando hay sueños más grandes”. 

El compatriota reconoce que lograr su más anhelado sueño de pilotar un avión le ha representado incontables sacrificios, que van desde el cien por ciento de la dedicación, hasta el tener la habilidad de combinar su trabajo como teleoperador y sus estudios.    

Sacrificar tiempos de comida, saber combinar horarios para trabajar y estudiar, sortear el terrible tráfico de la capital salvadoreña y las interminables horas de estudio en la noche, son parte de los sacrificios que este joven ha tenido que enfrentar para alcanzar sus metas. 

 

Los cubos de Rubik son otra de sus pasiones  

“Los cubos de Rubik han influido en mi vida desde pequeño, recuerdo que en el cuarto de mi papá me encontré con un cubo y desde ahí los empecé a armar, en el 2007 fui a la competencia internacional en Estado Unidos, luego de nuevo en el 2008 representé a nuestro país”, dijo.  

Como no había ningún otro salvadoreño que participara yo tenía el récord nacional hasta el 2015 que, en Guatemalaotro salvadoreño compitió y me ganó el récord. Luego practiqué y fui nuevamente a Guatemala a competir y le quité el récord. De esa competencia me preguntaron si quería ser el delegado nacional y acepté, destaca Joel, que cuenta con el récord de haber armado un cubo en 15 segundos. 

Fue el responsable de organizar la primera competencia oficial en El Salvador en el año 2015, en la cual participaron más de 200 personas entre concursantes y espectadores.  

La gente en la iglesia me dice ‘Joel el cubo’ o ‘Joel el capi’, lo que a mí me llena de orgullo”, recordó Joel con evidentes muestras de emoción.  

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