Jaime Villacorta: La huella y el legado construido en muchas generaciones 

El licenciado Jaime Villacorta se convirtió en una referencia obligada dentro y fuera de las aulas de la Universidad Tecnológica de El Salvador, su partida marcará un antes y un después en la comunidad Utec. 

Josué Navarrete 
La Palabra Universitaria 

La pandemia nos quitó a una persona que apreciamos mucho y a la cual, una gran parte, por no decir que todos, los estudiantes de la licenciatura en comunicaciones y los técnicos en periodismo y relaciones públicas le debemos una parte de nuestra formación. En mi caso particular, tuve la dicha de conocerlo más que como un estudiante, como una persona más allegada, un amigo. 

El licenciado Jaime Patricio Villacorta Vega fue al primer docente al que ayudé como instructor allá por el ciclo académico 02-2014, en la asignatura de Redacción para medios de comunicación; antes de eso, no lo conocía personalmente, sólo tenía referencias del rigor y lo estricto que era como docente, era un “colador” como decimos en la universidad de los docentes que son muy buenos en su labor. 

Con ese reto por delante, completamos el ciclo tratando de instruir a los chicos, pero llevaba a la par la materia Editorial y propaganda como estudiante, sin saberlo, el día lunes y viernes era instructor de él, mientras martes y jueves a las 6:30 a.m. en el edificio Federico García Lorca era su estudiante tratando de aprender sobre Goebbels y sus principios de la propaganda, la agenda setting. Jamás tuvo un trato “favorecedor” por ser su instructor. 

Pasaron los ciclos y me quedé como instructor en Editorial y propaganda, me cautivó su forma de darla y ya nos conocíamos más, lo cual facilitó la relación docente-instructor y veíamos cómo los chicos daban su mejor esfuerzo. Recuerdo una de sus frases: “nadie se queda en esta materia si han hecho el esfuerzo durante todo el ciclo”. 

Otro recuerdo que se viene a la mente gracias a las anécdotas que contaban sus estudiantes, eran la última clase de cada ciclo lectivo, donde él, contrario a la mayoría de docentes, era allí donde presentaba su perfil, su título de periodismo en la Universidad de Minsk (Bielorrusia) y su postgrado en estudios latinoamericanos de la Universidad de la Plata en Argentina, algo que siempre despertaba la curiosidad de los estudiantes y le pedían que hablara algunas frases en ruso, a lo que accedía sin dudar, los pequeños grandes detalles. 

Cómo olvidar cuando recordaba sus historias de Bielorrusia y los viajes que hacía por Europa en su juventud con sus compañeros, su trabajo político-periodístico en Europa, que posteriormente lo llevó a brillar en Nicaragua, trabajando en La Voz de Nicaragua y en la revista radial Esta Mañana, y cómo los medios de comunicación han marcado un énfasis más comercial con el paso de los años; siempre tenía una historia que contar. 

Definitivamente un excelente docente. Retomando sus observaciones y enseñanzas “que su idea central nunca muera, porque si muere, pierde sus propios objetivos”, me repetía con frecuencia. “Los debates políticos y la calidez humana le caracterizarán siempre”, expresó Julia Salazar, quien llevó Editorial y propaganda con él hace algunos ciclos. 

En lo personal siempre hablaba poco de su familia, sin duda, una muestra palpable del amor y respeto que les tenía a su esposa y a sus hijas, poco, pero hablábamos de su familia, pero, escribir esto con las lágrimas duele, son las cosas que uno nunca quisiera saber, pero, la vida a veces sorprende para mal y hoy es uno de esos días. 

Él tenía tiempo para todo el estudiante que llegaba a su cubículo en la sala de maestros de la escuela de comunicaciones y tenía un consejo de parte de él, cuando salían, volvíamos a hablar largo y tendido sobre sus análisis geopolíticos desde este país hacia Europa, siempre pasaba pendiente de Rusia y de Nicaragua, donde sin duda dejó una parte de su corazón. 

Por mi trabajo y mi pasión por el deporte, tampoco podía faltar hablar de su depurado gusto por el fútbol alemán y el brasileño, de los cuales me contaba veía partidos de tanto en tanto, ya que su pasión por las aulas lo tenía mucho tiempo en la universidad, siempre se proclamó amante del buen fútbol, sin tener un equipo en específico al cual apoyar. Sin duda, la pasión que él tenía por la materia me la enseñó y espero en algún momento, tratar de transmitirla, aunque jamás llegaré a su estándar. 

Ver los sentidos homenajes y las palabras de dolor de las generaciones con las cuales coincidimos en esa materia me hacen recalcar el sentimiento y la frase que asegura que “las ideas nunca se mueren” e inevitablemente, eso sucederá con Jaime Villacorta, el docente, amigo, esposo y padre… Nunca será olvidado. 

Hasta pronto, licenciado Villacorta. 

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