Vivir en la orilla de la quebrada

Un recorrido histórico y geográfico por las quebradas de San Salvador 

Julio Martínez 
Director de la escuela de antropología de Utec 

La primera San Salvador (1525 y 1528) estaba fuera de los límites que conocemos hoy día, se encontraba en el sitio arqueológico llamado “Ciudad Vieja” y estudiado por varios arqueólogos como Fowler, Erquicia, Gallardo, Escamilla, López, Messana y otros. Más tarde, paulatinamente, debió trasladarse a un lugar “mejor”, mas plano, mas tierra de cultivo y más agua. 

Estar cerca de un volcán es un asunto de criterio: por un lado, sabes que la tierra de cultivo es buena pues hay acumulación de nutrientes y venidos de las laderas del volcán, traídos por la lluvia. También sabes que la capa de tierra “robada” al volcán, por las lluvias y el viento, te dan una posibilidad fuerte de tener buenos cultivos. Pero, por otra parte, una semana de lluvias o más, te generan riesgos de deslaves, derrumbes e inundaciones. 

Esos riesgos debieron ser calculados por los españoles cuando decidieron montar una bonita ciudad en “la aldea”, acá en Zalcoatitán, nombre originario del sitio que fue ocupado por el santo católico, San Salvador. El 27 de septiembre de 1546, Carlos V, emite una cédula de titulación de San Salvador, lo hace en el palacio del Infantado en Guadalajara, España. Entonces nace nuestra ciudad, cerca de un río, El Acelhuate y otros varios afluentes de agua. 

Algunas características de este lugar de asentamiento son su ancho valle, flanqueado por dos alturas: El Quezaltepec o volcán de San Salvador y el cerro El Zapote a cuyos pies se ubicaba el pueblo de Tunalyucán actual San Jacinto. Parece lógico pensar que el cuartel ubicado en la ex casa presidencial, tomara su nombre del cerro también.  

En ese plano de la ciudad, de 1584, vemos al Acelhuate como un río que seguramente abastecía a la ciudad, como principal afluente. Debemos pensar en este Acelhuate distinto al actual, desde luego. 

El siguiente plano, más claro, de finales del siglo XIX, presenta a la ciudad flanqueada por dos grandes afluentes, el del Arenal- Acelhuate y el de una Quebrada llamada Tutunichapa, y que ahora no es totalmente visible pues, se construyó una bóveda debajo de la que pasa en casi todo su tramo.  

Pero, la ciudad no era tan grande y aunque ya había sido construida la Nueva San Salvador, en agosto de 1854 después del terremoto de abril del mismo año en San Salvador. El arraigo hizo que nunca hubiera un total desplazamiento de la capital. Eso sí, la nueva ciudad comenzó a captar población, muchos acaudalados señores se trasladaron a esa ciudad de clima fresco, otra parte de la población siguió ese camino, pero no hubo un traslado definitivo; Santa Tecla comenzó a producir desechos, y algunos de afluentes de agua, procedentes del volcán se convirtieron en los lugares a donde fueron a parar la basura, las aguas negras, las aguas lluvias de la ciudad y las aguas procedentes del volcán; el recorrido de esas aguas siguieron su camino natural, las tierras más bajas: San Salvador. El Acelhuate incrementó su caudal. 

Ya para 1922, los efectos de estas decisiones, que no tuvieron medidas de mitigación, se hicieron notar, agravadas por el crecimiento de la San Salvador nuestra. El 12 de junio de ese año, hubo la gran inundación, el agua salió de su lecho natural, subió a las calles, cubrió parcialmente a la iglesia de Candelaria y dañó muchas casas en Candelaria, La Vega, San Jacinto y El Calvario. 

Animales, casas, calles y fallecidos fueron los resultados de esta terrible inundación. No estamos seguro si fue la primera, pero es la más difundida periodísticamente. No tenemos acceso a los datos del número de muertos o afectados. ¿Existe una relación entre esta inundación de 1922 y el poblamiento de la Nueva San Salvador? Aparentemente sí, es una hipótesis que cumple con los criterios de ser tal: Hay indicios de que esa pregunta puede tener una respuesta como esta: “El poblamiento de Santa Tecla incrementó el volumen de los desechos y propició que, a partir de la urbanización, el agua proveniente del volcán de San Salvador continuara su recorrido buscando un cauce natural”.  

Por cierto, Nueva San Salvador se encontraba (y sigue) a una altura mínima de 920 metros sobre el nivel del mar y San Salvador, a menos de 700 en la entrada de la Ceiba de Guadalupe y quizá a unos 590 menos en el centro histórico. Lógicamente, el agua lluvia correrá por las quebradas hacia San Salvador. Un recorrido histórico de las inundaciones entre esta “grande” y lo que sigue, lo tiene el SNET aquí.

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