Rolando Ramírez: El temor fue permanente desde el primer día de cuarentena

El mes de marzo llegó y la incertidumbre en el pueblo salvadoreño aumentaba ante el COVID-19, enfermedad que ya estaba acabando con la vida de miles de personas en todo el mundo. La llegada de salvadoreños desde el exterior puso en alerta al gobierno y confinó a los primeros que entraron por las diferentes fronteras terrestres o vía aérea. Don Rolando es un salvadoreño que estuvo en un centro de contención y relató cómo su vida y la de su familia fue afectada.

Mónica Cruz
Estudiante Redacción para Medios

Rolando Ramírez, mercadólogo de 48 años, quien el pasado 10 de marzo realizó un viaje de negocios a Costa Rica, lo interrumpió por la noticia que uno de sus hijos estaba hospitalizado por problemas de salud no relacionados al Covid-19, sino por fiebre tifoidea. El miércoles 11 del mismo mes, Ramírez realizó su retorno al país sin imaginarse que la situación había cambiado en tan solo un día y se vería expuesto a situaciones poco particulares.

Tras aproximadamente una hora y media de vuelo, Rolando y otros pasajeros, igualmente salvadoreños, arribaron a El Salvador donde les esperaban con información nada grata, no tenían permitido salir del aeropuerto hasta que se les indicará. “No tuve mayor información y tampoco sabía que sería llevado a un albergue”, dijo Rolando durante la entrevista.

Él y 300 personas más inicialmente, ya que siguieron arribando vuelos, pasaron dos días y una noche en el aeropuerto esperando que se les brindara información sobre qué sucedía y qué pasaría con ellos. Nadie recibió mascarillas ni insumos de higiene personal por lo cual el temor de estar expuestos al virus se hacía cada vez más presente.

En primera instancia el personal de salud les informó que no tenían un proceso definido ni un lugar destinado para ellos, la única información que les brindaron fue que por orden presidencial debían cumplir un período de cuarentena de 30 días, lo cual causó mucha incertidumbre y cuestionamiento en las personas que se encontraban en la sala de espera y los pasillos que utilizaron para su estadía; la situación empeoró cuando les comunicaron que debían firmar un documento en el que aceptaban someterse a la cuarentena aún sin saber a qué albergue serían trasladados.

El personal de Migración les comunicó luego de dos días que serían trasladados a un albergue ubicado en Jiquilisco, lugar en el que ya se encontraba una gran cantidad de personas provenientes de distintos lugares, quienes habían ingresado al país por vía aérea o terrestre. Datos personales como nombre y Dui fue lo único solicitado por las autoridades quienes les dieron la indicación de buscar un catre en una habitación en donde estarían separados únicamente por género, hombres en una galera, mujeres y niños en otra.

Don Rolando era solo una de las aproximadamente 400 personas que se encontraban en este lugar, su preocupación era cada vez más evidente, pues en el lugar no existía una clasificación sanitaría, no contaban con las condiciones óptimas para enfrentar una cuarentena, mala alimentación y sus pensamientos sobre estar lejos de su familia y en riesgo potencial de contagio.

Como individuo toda esta situación era muy agobiante, como padre lo fue aún más, ya que su familia estaba pasando por una situación difícil, la hospitalización de uno de sus hijos y él no podía estar cerca de ellos y apoyarlo, comentó.

Su hijo de 24 años, quién lleva también el nombre de Rolando, dijo que “fue bastante duro para nosotros, fueron días largos, noches de desvelo en las que simplemente no sabíamos que iba a pasar con él, teníamos un miedo que fuera expuesto a alguien que estaba positivo al virus. En el albergue de Jiquilisco los mesclaron todos juntos, obviamente eso nos ponía aún peor, aquí intentábamos darnos fuerzas entre todos para no sentir, sin embargo, había días que eran más difíciles que otros, pero la peor parte se la llevó él porque estaba solo”.

Rolando y un grupo considerable de personas se comunicaron con un medio de comunicación para hacer público su descontento y su incertidumbre del por qué, luego de días en ese centro de contención, no les habían realizado la prueba necesaria para descartar si eran o no portadores del virus. Por medio de una carta y firmas alzaron su voz, pero no obtuvieron respuesta inmediata, fue hasta 12 días después de ser trasladados a otro albergue que les realizaron la prueba.

En su estadía en el segundo centro de contención le realizaban la toma de signos vitales dos veces al día, toma de la temperatura y de la presión arterial, aunque si les entregaron mascarillas y jabón de baño, el alcohol gel lo obtuvo por medio de sus familiares quienes expresan que fue un poco difícil poder hacerle llegar ropa e insumos de higiene, ya que las autoridades fueron muy estrictas en este aspecto.

 

¿Qué diferencias entre los centros de contención podría describir?

 El primer centro no reunía las mínimas condiciones salubres, no cumplían la distancia mínima entre los albergados, la limpieza la hicimos las personas albergadas para tratar de estar en un lugar limpio, hasta el segundo día hicieron limpieza en los sanitarios y cambiaron los que estaban dañados.

El segundo lugar tenía mejores condiciones, fuimos separados en habitaciones de 1, 2 y hasta 3 personas, el lugar tenía aire acondicionado, agua, recibíamos alimentación diaria, cambios de ropa de cama; sin embargo, la limpieza interior no la hacían.

 

¿En algún momento, debido a la misma situación, cruzó por su mente la posibilidad de ser un paciente positivo de Covid-19? Al obtener los resultados de negativo, ¿cómo fue esta experiencia?

El temor fue permanente desde el primer día, al ver que el manejo sanitario de las personas fue deficiente y sin control, lo que provocaba que aumentara el riesgo de contagio, considerando que en el aeropuerto y aduanas territoriales veníamos de diferentes destinos, incluso de países con propagación endémica, lo que me exponía aún más. En otro aspecto, el personal médico rotaba diariamente, lo que significaba que venían de otros albergues o lugares, y quienes podían ser portadores del virus.

Un dato importante es que los resultados de la prueba del Covid-19 que me efectuaron nunca me fueron entregadas o informado de manera verbal, cada vez que lo solicité la respuesta fue que son las altas autoridades las únicas que conocen los resultados y que si seguía en ese centro es porque seguro salí negativo, lo cual me generaba más incertidumbre por mi situación de salud física y mental.

 

¿Puede destacar alguna experiencia con respecto a la convivencia con las demás personas que se encontraban en el centro de contención con usted?

A pesar de las condiciones en las que nos conocimos, la mayoría de personas estuvimos siempre anuentes a cumplir con las indicaciones que en ocasiones se brindaban, de hecho, nos organizamos como comunidad eligiendo a representantes como voceros, nos unimos en actividades de limpieza de las áreas, ayudamos a personas mayores, ayudamos a la descarga de las ayudas cuando llegaron, cumplimos con el aislamiento.

Pude establecer relaciones personales de respeto y de convivencia lo que nos permitió superar mejor el proceso en que estábamos.

 

¿Cómo evaluaría la atención general que se le brindó en el centro de contención en el que estuvo?

Debo de hacer dos comentarios al respecto: el personal de salud fue muy profesional dentro de sus capacidades, salvo casos muy puntuales fui tratado con respeto y empatía, aunque ellos mismos me lo hicieran saber, que las decisiones no eran tomadas sobre la base técnica.

Las instalaciones en el segundo albergue donde cumplí la mayoría de la cuarentena eran aceptables, aunque sucias en las áreas comunes como pasillos y escaleras, la comida fue buena.

Los recursos del Minsal para el equipamiento del personal de salud fue deficiente, incluso hubo días que pasamos sin mascarillas.

 

¿Cómo se ha sentido al estar en cuarentena (en el ámbito de salud y psicológico)?

De salud muy bien, ya que desde el primer momento me cuidé, traté de informarme por mis propios medios, respeté el aislamiento que eran cosas que estaban en mis manos hacer.

En la parte psicológica fue complicado, ya que desde el primer día fue mucha la incertidumbre, sumado a eso que tenía a mi hijo hospitalizado y no fue posible estar con mi familia; el ver las condiciones de insalubridad en la que me expusieron, la preocupación de mi fuente de trabajo que podría estar en riesgo, fueron muchas situaciones en pocos días.

Por las noches, la presión de poder contagiarme, el hecho que me pudieran mover a otro albergue, la casi nula información de mi situación de salud, me dejó huellas difíciles que sigo trabajando para superarlo y buscando insertarme nuevamente a las actividades de mi casa y trabajo.

 

¿Qué opina sobre las acciones tomadas para la contención del Covid-19 y sobre el proceso de cuarentena en los centros de contención?

La primera fase de restricciones de ingresos, e incluso el cierre de la frontera, fueron acciones correctas y fueron claves para que fuese menor el impacto; sin embargo, fue muy contrastante con la forma y ejecución de la cuarentena y el mal manejo en los albergues en los que no se contó con protocolos sanitarios adecuados, las instalaciones inadecuadas, una muy mala coordinación entre las autoridades lo que desató que, incluso, sean estos centros de contención lugares de proliferación de casos.

 

La decisión del gobierno en cuanto a la cuarentena domiciliar, ¿le parece pertinente o tiene una opinión diferente?

Es la mejor opción para el tipo de pandemia.

 

¿Afectó a su familia económica y emocionalmente su estancia en el centro de contención?

Económicamente ha sido relativo dado que a pesar del encierro pude mantener un trabajo de gestión, lo que me permitió mantenerme produciendo. Emocionalmente si fue un golpe muy fuerte, la incertidumbre mía y la angustia de ellos fue una carga muy fuerte para todos que aún seguimos digiriendo.

Luego de un poco más de un mes, Rolando y su familia por fin se encuentran juntos, a pesar de que todos los miembros de la familia Ramírez afirman que la situación fue difícil y lo sigue siendo debido a las secuelas psicológicas. Ahora se encuentran juntos, sanos y eso les dará la fuerza necesaria para salir adelante.

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