Adolfo Araujo: un hombre que dejó un invaluable legado en la educación superior

Con mucha tristeza la comunidad educativa de la Utec tendrá que dar el último adiós a uno de sus fundadores, un hombre que desde que el proyecto tomó vida se esmeró por mejorar constantemente los procesos formativos, hasta que llegó a un punto en que pudieran ser integrales. 

Texto: Wilber Corpeño
La Palabra Universitaria

La Universidad Tecnológica de El Salvador (Utec), ha sufrido la irreparable pérdida de uno de sus fundadores, de uno de sus pilares, de uno de los hombres que dedicó su vida a la educación de calidad e integral, ese hombre fue Adolfo Araujo Romagoza, uno de los estandartes del proyecto educativo que después de 40 años ha logrado posicionarse como un referente en la formación de profesionales en el país.

Hablar del ingeniero Araujo es hablar del hombre, el profesional, el padre, el abuelo dedicado, el esposo, el creador de los innovadores procesos formativos en la Utec, el genio de la educación superior, el modelo a seguir para muchos profesionales que encontraron la gracia de lo que hacen, gracias a sus enseñanzas compartidas por medio del bello mundo de la docencia.

“Fito”, como lo llamaban sus amigos, es considerado la mente maestra de la Utec porque fue el encargado de definir las líneas de los modelos de formación que en cuatro décadas se han venido implementando y que han resultado exitosas en la tarea de formar profesionales.

Durante una de sus entrevistas concedidas a La Palabra Universitaria, en el marco del aniversario 35 de la casa de estudios que él ayudó a fundar, dijo que siempre se dedicó a la parte de la formación de los docentes, seleccionador y capacitador de los mismos, así como trabajar en el diseño de los modelos de formación en la institución, labor que disfrutó al máximo porque simplemente era su pasión.

La maestría en formación docente es otra de las iniciativas que Araujo ayudó a instaurar en la universidad, ya que para él el profesor universitario debe ser dotado de todas las herramientas pedagógicas necesarias para que desarrolle un trabajo de calidad en las aulas. “La maestría en docencia le dio un buen empuje a la universidad porque logramos que el docente dejara de ser un expositor, sino que se volviera un facilitador y proporcionador de medios de aprendizaje”, dijo en aquella ocasión.

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